Fondo pictórico

La colección permanente

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11

Canto a la tierra [o] Copla andaluza

Nº de inventario: 090


Tema: Escena de exterior. Paisaje con figuras.
Técnica: Pintura sobre tela
Fecha: 1915
Medidas: 230 X 297 cm

DESCRIPCIÓN

Escena al aire libre. Sobre una elevación del terreno, en primer término, se desarrolla una escena que describimos así: una pareja se halla sentada en el suelo, toca él la guitarra y ella se recuesta sobre su compañero, mirándose ambos; detrás un caballo en posición lateral, mueve la cabeza a la derecha, mirando a dos mujeres que hablan entre sí, lejanas y difusas. Detrás de su grupa, en el centro de la composición, una muchacha joven, llena de salero, canta con los brazos en jarras. Más a la derecha, tumbado al pie de una palmera escucha la canción ensimismado un joven. En el ángulo inferior derecho, en primer término, los aparejos de la montura del caballo sobre el suelo. Al fondo y más abajo, en el valle, las casas de un pueblo andaluz entre campos verdes. Lejos queda un monte bajo y el cielo rojizo de un crepúsculo. Es una pintura de aspecto mural y básicamente compositiva y alegórica de Andalucía (su tierra, el cante hondo, la guitarra, la mujer, el caballo…). No hay teatralidad: las posturas de los personajes son naturales y variadas, en un conjunto alegre, con importante papel del paisaje. El ángulo superior izquierdo, reservado a las dos mujeres en conversación, es la parte peor del cuadro. Da la sensación de que el pintor no ha sabido resolver ese espacio o, mejor, que no lo ha terminado. Está logrado el resto, sobre todo el conjunto de cantaora y pareja sentada. No tanto el caballo, que parece metido a la fuerza y congestiona el espacio. Es, además,  musculoso en exceso y su desproporción choca con la natural autonomía del resto de los personajes. Esta exageración anatómica se observa también en el brazo izquierdo del guitarrista. De todas las figuras, la que se ha resuelto mejor a nivel pictórico es la de la cantaora: con apostura viste el traje de bailaora, amplio mantón floreado y zapato de tacón; en su cabello negro rizado lleva el adorno de una peineta andaluza. Correcto el fondo paisajístico, con casitas blancas entre arbolillos, medio en la penumbra. El empaste es vigoroso y el color  variado, con buenos resultados, como lo demuestra la cantaora, con amarillos en el mantón y naranjas en la falda en contraste expresivo. Dominan, con todo, los ocres  y verdes oscuros, fuertes, propios de un atardecer crepuscular. Acertados grises sobre la piel del caballo. En el cielo hay lejanías azules y turquesas, carmines y violetas de gran audacia colorista, que intentan a un tiempo equilibrar el peso de la composición, que se desequilibra a la izquierda.

1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11