Exposición «Figuración y esencia»

Exposición «Figuración y esencia»

Javier Ciga

El Museo Gustavo de Maeztu presenta la exposición «Figuración y esencia» del artista Javier Ciga

El Museo Gustavo de Maeztu presenta la exposición «Figuración y esencia» del artista Javier Ciga, máximo exponente del Naturalismo en la pintura navarra

El Museo Gustavo de Maeztu reúne entre el 5 de julio y el 27 de octubre de 2024, en la sala de exposiciones temporales, una exposición dedicada al trabajo de Javier Ciga Echandi, uno de los máximos exponentes del Naturalismo de la pintura navarra de la primera mitad del siglo XX.

La exposición, comisariada por Pello Fernández Oyaregui, presidente de la Fundación Ciga, propone una reflexión sobre los conceptos de figuración y esencia que son los definidores de su obra. Al mismo tiempo, supone un encuentro entre los dos grandes artistas, Gustavo de Maeztu y Javier Ciga, que compartieron una época y un mismo universo pictórico. Ambos expusieron en los salones parisinos y coincidieron en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid de 1915 y 1917. Así mismo, en conmemoración del quinto centenario del nacimiento de Fray Diego de Estella, se presenta como protagonista de esta exposición el retrato que realizó Ciga de este egregio personaje, en el certamen que el Ayuntamiento de Estella-Lizarra convocó en 1924 y con el que obtuvo el primer premio.

La obra de Ciga hunde sus raíces en el Romanticismo y en el Realismo, del primero tomará su amor a la tierra y a las gentes que inspiraron su obra, del segundo su ideal por plasmar la realidad y llegar a la perfección, superando el academicismo. Su pintura, parte del rigor técnico y del oficio bien aprendido, y trasciende a una Pintura con mayúsculas, equilibrada, serena, sin estridencias, donde con inigualable maestría pinta prácticamente todos los géneros y técnicas. De su estancia parisina incorporaría los nuevos usos, si bien Ciga, conscientemente se mantuvo fiel a su ideal estético ligado a la perfección realista y a los grandes valores de la pintura.

Además de su faceta de pintor, sobresale la de docente, como maestro de maestros, proyectándose su influencia en la siguiente generación de pintores. Durante más de cuarenta años, cual atelier parisino, la Academia Ciga fue un centro vivo, donde nuestro pintor, con gran profesionalidad y cariño, transmitía a sus alumnos sus ingentes conocimientos pero sobre todo, les iniciaba en la capacidad de entusiasmarse a través de la Pintura y el Arte con mayúsculas.

En cuanto a los temas, podríamos decir que Ciga es un pintor de amplio espectro que trató géneros muy diversos: retrato, pintura etnográfica y costumbrista, paisaje, bodegón, pintura religiosa, desnudo y temas históricos, alegóricos, simbólicos, etc. En lo que respecta a las técnicas: óleo, dibujo (lápiz, carboncillo, aguada), acuarela y cartel.

La muestra que se expone en el Museo Gustavo de Maeztu se articula en torno a cinco bloques temáticos.

El primero, lleva por título «Dibujos de Academia (Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y Realismo Social. Etapa de Madrid 1909-1911)» Por medio de la estatuaria clásica, Ciga aprendió las proporciones del cuerpo humano y el absoluto dominio del dibujo, además del estudio de la perspectiva, color y técnicas pictóricas, sin caer en el academicismo. Por otra parte, interpretó esa cruda realidad social haciéndose eco de ella, tomando parte por los más desfavorecidos. Los niños de la calle, el analfabetismo, los borrachos, el mundo del hampa y la sordidez de los barrios más pobres, fueron temas de su pintura, participando así de esa corriente pictórica que llamamos Realismo Social tan en boga en aquella época, lo que suponía un rasgo de absoluta modernidad.

En la segundo bloque encontramos «Paisajes de París (1912-1914)» Estas obras constituyen una de las experiencias más bellas y originales de su labor pictórica. Se caracterizan por el tratamiento de esa luz tamizada, grisácea, sugerente, brumosa, difuminada. Ciga, al igual que sus precedentes impresionistas, Monet, Sisley o Pisarro, hizo al Sena protagonista de sus pinturas para plasmar el efecto de las variaciones atmosféricas en los reflejos del agua, creando una nebulosa borrosa donde agua, cielo y atmósfera se confunden. Utilizó una pincelada vibrante, fragmentada, deshecha, gestual, que en el caso de Nocturno en el Sena, se encuentra entre el fauvismo y la abstracción.

Por tercer bloque temático, encontramos «Retratos» El retrato en la obra de Ciga, de influencia posromántica, se caracteriza por sus fondos neutros pero matizados, de colores generalmente pardos, donde el autor concentra toda su atención en los rasgos físicos y psíquicos del retratado, resaltando por medio de la luz, rostro, manos, y poniendo énfasis en una mirada profunda que conecta con el espectador. Aunando por un lado, la fidelidad del natural y dignidad del retratado y por otro, la captación psicológica. Ciga no se queda en la fachada física, horada en el interior del ser humano, y refleja su alma.

El cuarto, dedicado al género del «Paisaje» Este género fue muy querido para él, tanto de forma independiente como complementando a otros géneros. Mención especial merece el paisaje de Baztan, donde encontró ese locus o lurra, marco referencial de su pintura, con ese bucolismo que le define; todo ello aderezado con esa sensación de humedad, luz tamizada, envolvente y sugestiva, o el rabioso colorido del otoño baztandarra.

Por último, destacamos como quinto bloque temático la «Pintura etnográfica» Ciga recoge la vida en toda su complejidad: trabajo, ocio, romerías, idilios amorosos, vivencias en la plaza, salida de misa, ritos funerarios, emoción religiosa, o los tipos étnicos con sus rasgos y señas de identidad de aquella sociedad y cultura vasca. En este género, plasmó con emoción y sentimiento las esencias vascas de Navarra. En definitiva, trascendió la escena costumbrista para adentrarse y captar la esencia de este pueblo.

Podemos calificar a Ciga, como el maestro de la pintura serena, sin ampulosidades ni estridencias. Huye de la artificiosidad y de la complicación fácil. Su Pintura de Verdad no se quedará en la apariencia, sino que irá al interior más profundo. En su pintura etnográfica, plasmó con emoción y sentimiento, las esencias vascas de Navarra. En su obra, detrás de la apariencia sencilla, siempre hay un más allá muy rico conceptualmente hablando. El ser, conforma e impregna su obra, dándole un carácter existencialista que nos lleva a clasificar su pintura, como realismo trascendente o metafísico, en su acepción literal del término. Por encima de todo, Javier Ciga fue pintor de esencias y verdades e intérprete del alma y de la sociedad de su tiempo.

Javier Ciga Echandi (Pamplona, 1877-1960)

Por sus lazos familiares estuvo ligado a Baztan así como pictóricamente, ya que pintó una y otra vez su paisaje, tipos y sus costumbres.

A partir de 1892 comenzó su etapa de formación en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona. Así mismo ente 1908y 1920 realizó seis carteles de San Fermín, renovando esta técnica y dotándola de valores pictóricos. Entre 1909 y 1911, continuó su formación en Madrid en la Academia de San Fernando y estudió con los célebres profesores y artistas Garnelo y Moreno Carbonero, obteniendo el título de profesor, con cinco diplomas de primera clase y la medalla de oro.

Entre 1912 y 1914 se inicia la etapa parisina, incorporó los nuevos usos y técnicas del Impresionismo, Postimpresionismo y Constructivismo, pero siempre dentro de la perfección realista. Además de sus visitas al Louvre, Ciga se formó como alumno libre en las academias más importantes: Julian, donde recibió clases del famosísimo maestro Jean Paul Laurens, Grand Chaumiére y Colarossi. El hecho más relevante fue su inclusión en el Salón de Primavera en 1914 con su cuadro El mercado de Elizondo y en consecuencia, su reconocimiento como miembro del Gran Salón de París. El inicio de la I Guerra Mundial, corta su formación parisina y le obliga a volver a Pamplona.

Entre 1915 y 1936, comenzó su etapa de madurez. Participó en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid de l915 y 1917, para esta última, presentó su otra gran obra maestra “Un viático en Baztan”. Tras su triunfo parisino, se encuentra en un momento álgido de su carrera, convirtiéndose en referente pictórico de la pintura navarra de la primera mitad del siglo XX.

Otro aspecto importante en su vida, sería su compromiso político. Fiel a su ideario nacionalista, fue defensor de la lengua y cultura vasca. Entre 1920-1923 y 1930-1931, desempeñó el cargo de concejal en el Ayuntamiento de Pamplona por el Partido Nacionalista Vasco al cual estaba afiliado. En plena Guerra Civil fue detenido, torturado y encarcelado durante año y medio. Como consecuencia de ello, se cortó su proceso creativo, lo que unido a sus problemas físicos de la vejez, influirán negativamente en su última etapa de 1939 a 1960, en la que repitió aquel ideal estético que él mismo había creado. Moría un frío y nevado 13 de enero de 1960, a los 82 años de edad.

La entrada a esta exposición es gratuita y puede visitarse de martes a sábado, de 9:30 a 13:30 y de 16:00 a las 19:00; domingos y festivos, de 11:00 a 14:00 horas.