Sala 2

Sala 2

Sala 2 Museo Gustavo de Maeztu. Estella-Lizarra

La galería de imágenes que perfilan la producción retratística de Maeztu es muy amplia. En esta sala podemos contemplar uno de los retratos familiares más significativos, el de su hermana María de Maeztu. Estamos ante la plasmación de una imagen familiar. La iconografía de María aúna la proximidad del conocimiento psicológico de la hermana y la imagen de la pedagoga y articulista, mujer avanzada en la España de su tiempo, feminista y defensora de la educación libre e igualitaria.

Formalmente la obra sigue las pautas estéticas propias de Maeztu, rotundidad, monumentalidad, importancia de la línea, exaltación de las formas y del color. Estamos ante un retrato afortunado, que nos aproxima a esta mujer, de carácter fuerte, decidido, soberbia en su indumentaria y en su gesto. Frente a esta obra se ubica el retrato del hermano mayor “Ramiro de Maeztu”, escritor, pensador y miembro destacado de la Generación del 98, su figura potente emerge como adalid de la Hispanidad. Hombre comprometido, su fatal final marca la historia de toda la familia.

La NATURALEZA será una forma de expresión a la que Maeztu se acerca con asiduidad a lo largo de su vida. Los Bodegones pacientemente elaborados, constituyen un elemento de comunicación que encaja perfectamente en su formulación, siempre interesada en el mensaje, la metáfora de un contenido sugerido o evidente, en todo caso con un intencionado carácter popular.

Objetos, animales y alegorías, son utilizados por el artista desde la percepción de lo cotidiano.

Algo semejante le ocurrirá cuando se centra en el PAISAJE. Las escenas de este artista perpetúan visiones del paisaje reales, vividas; no en vano, Maeztu como buen continuador del REGENERACIONISMO, viajará por toda la península, plasmando los rincones, las vistas y las huellas dejadas por el paso de la historia.

La historia tiene mucho que ver con la pintura heroica y crítica que Maeztu realiza hasta 1920. La preocupación por la España del momento, su retraso, y la pérdida de su estatus, el anacronismo y las deficiencias, estimulan en nuestro pintor su visión más crítica contra el sistema que impide la recuperación del país. Con el fondo noble de unas ruinas arquitectónicas asentadas en un paisaje cargado de silencio, las figuras de Maeztu siempre potentes, se alzan para con su fuerza espiritual y física, regenerar y dar aliento y futuro a la Tierra Ibérica Maeztuniana.