Gustavo de Maeztu en otros museos

Gustavo de Maeztu en otros museos

Son innumerables las obras que Maeztu pintó durante sus 60 años de vida. La mayor parte de ellas se localizan en el Museo Gustavo de Maeztu (Estella-Lizarra), pero muchas se pueden visitar en otros centros de arte y otros emplazamientos, no sólo de Navarra, sino también de Álava, Guipúzcoa, Madrid, Londres o Buenos Aires.

 

Bilbao, ría y ayuntamiento – Museo de Bellas Artes de Álava

‘Bilbao, ría y ayuntamiento’ o ‘Ría de Bilbao’ es una de las obras paisajísticas más realistas de Gustavo de Maeztu. Su datación se corresponde con la primera mitad del siglo XX y se encuentra ubicado en el Museo de Bellas Artes de Álava. Tiene unas medidas de 60 x 85 cm.

En esta composición horizontal en la que predominan las tonalidades ocres, puede distinguirse la ría con barcas a su paso por la ciudad de Bilbao, en el paseo del Arenal, dejando ver en el fondo algunas edificaciones y el ayuntamiento.

Consulta AQUÍ el catálogo de las obras de Gustavo de Maeztu que se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Álava.

 

Tierra vasca, lírica y religión – Juntas Generales de Bizkaia

Nos trasladamos a las Juntas Generales de Bizkaia (en Gernika), concretamente a la Sala de la Vidriera, donde queda expuesto un impresionante óleo de 300 cm de altura en el que resaltan los colores azules verdosos.

Este tríptico pintado en 1922 recibe el nombre de Tierra vasca, lírica y religión, y las pretensiones de Maeztu fueron las de reflejar el fatídico día 20 de abril de 1878, conocido como “la Galerna del Sábado de Gloria”, en el cual más de doscientos marineros vascos y cántabros perdieron la vida en la localidad vizcaína de Bermeo.

Si el panel central es de mayor tamaño y representa la escena principal, dando título a la obra, los paneles laterales muestran el ensalzamiento de las costumbres y la religiosidad de la tierra vasca, recibiendo la designación de ‘Religión’. Mientras que el situado a la izquierda detalla una procesión que desemboca en una iglesia en la colina de un acantilado, acompañada de un séquito de personas que acuden a la iglesia, en el de la derecha, la primera diferencia que se aprecia es que el mar se encuentra picado respecto al anterior y el grupo de personas acude a un entierro que desemboca en una iglesia de la que solo se distingue el atrio.

La confluencia entre la vida y la muerte, la alegría y la tristeza queda señalada en el panel central, que muestra a algunos de los supervivientes del fatalismo vivido, dos de ellos alzando los remos al cielo en señal de victoria.

Gustavo comenzó a realizar los bocetos preparatorios en una localidad cercana a París y, una vez asentado en Bilbao, fue estructurando los tres lienzos.

 

Mongoles – Museo de Bellas Artes de Álava

Uno de los centros que alberga cierta cantidad de obras de nuestro artista vitoriano, Gustavo de Maeztu, es el Museo de Bellas Artes de Álava (en Vitoria – Gasteiz).

Con esta obra, Mongoles (1921-1922), queda comprobado una vez más la importancia que tenía para Maeztu la representación no solo de género, sino también la racial. En ella se aprecia una composición cuadrangular en la que los dos protagonistas ocupan un lugar privilegiado en el lienzo. Tras un cortinaje de colores claros, resaltan las tonalidades más oscuras, compuestas tanto por el ropaje de la pareja como por el color de los respectivos rostros. Una característica importante de esta pintura es que a los personajes los ha representado con la indumentaria propia de Oriente. La datación de la obra se corresponde durante su estancia londinense en el barrio de Chelsea, un cambio para Maeztu no solo importante a nivel psicológico y de costumbres, sino también en la práctica de la pincelada y de la temática en sus obras.

Consulta AQUÍ el catálogo de las obras de Gustavo de Maeztu que se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Álava.

 

Ensueño romántico – Museo de Navarra

Se trata de un cuadro que pintó entre 1918-1919 y que hoy puede contemplarse en el Museo de Navarra. Al igual que en el resto de sus obras, la importancia de su pintura no solo reside en el protagonismo de sus personajes, sino también en el paisaje. En esta ocasión, se vislumbra un pequeño pueblo de montaña y un arco con varias arcadas.

Todo ello se arropa de un aroma romántico gracias a la muestra de cariño de los dos personajes centrales: los enamorados. Ambos visten a la moda del siglo XX. Mientras que la joven porta un vestido largo de tonos anacarados y claros con un elaborado tocado recogido en una peineta, el hombre viste una capa oscura y ampulosa, pudiéndose apreciar en su rostro un signo más serio e inexpresivo.

En un segundo plano y en colores más desapercibidos, aparecen dos ancianas encapuchadas leyendo un libro. A sus pies, un pavo real de intensos colores y un jarrón con flores.