Personajes históricos retratados por Maeztu

Personajes históricos retratados por Maeztu

¿Sabías que Gustavo de Maeztu realizó retratos de importantes personajes históricos? Estos son algunos de ellos:

 

Julio Ruiz de Alda

Ruiz de Alda. El aviador. Técnica: acuarela sobre papel. Fecha: 1937. Medidas: 67 x 47 cm.

Busto corto del célebre aviador estellés Julio Ruiz de Alda Miqueleiz (Estella-Lizarra, 1897 – Madrid, 1936), militar y piloto del Plus Ultra, el primer hidroavión español que realizó un vuelo entre España y América. Con Ruiz de Alda como capitán y otros tres tripulantes, el Plus Ultra despegó de Palos de la Frontera (Huelva) el 22 de enero de 1926 y aterrizó en Buenos Aires el 10 de febrero de ese año.

Hoy puede verse en la fachada de la casa donde nació, en la calle que lleva su nombre, una placa de piedra en su honor y recuerdo de esta gesta.

Aunque su padre, Silvio Ruiz de Alda Vergara, era de ideología liberal y como tal participó de la política local, durante la Segunda República Julio se fue decantando por un pensamiento de extrema derecha, hasta considerarse uno de los fundadores de la Falange Española. Murió fusilado en la Cárcel Modelo de Madrid por milicianos anarquistas que asaltaron el centro penitenciario en lo que se conoció como la matanza de la Cárcel Modelo.

Ruiz de Alda. El aviador, de Gustavo de Maeztu. Obra comentada en el fondo pictórico de la web.

 

 

Rembrandt

Rembrandt dibujando junto a una ventana (1648). Técnica: dibujo sobre papel. Fecha: 1925. Medidas: 48 x 43 cm.

Este grabado de Gustavo de Maeztu pertenece a la exposición permanente del museo y se ubica en la última planta.

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669) fue un pintor y grabador holandés, principal precursor de la escuela flamenca y del arte barroco en la pintura. Nunca se limitó a seguir una corriente artística ni se encasilló en un solo estilo, sino que él mismo lideró constantemente tendencias innovadoras.

Sus temáticas más recurrentes eran las escenas tradicionales y bíblicas, pero también cultivó con maestría el autorretrato, en el que Gustavo de Maeztu se inspira para crear este dibujo. Rembrandt huía de la ostentación estética y provocadora propia de los artistas barrocos de la época.

Hoy, sus cuadros se exponen en las grandes galerías de arte del mundo tales como el Museo Nacional del Prado, el Louvre o el MET New York, entre muchos otros.

 

 

Tomás Meabe

Técnica: óleo sobre lienzo. Fecha: anterior a 1910. Medidas: 102 x 71,5 cm.

Este cuadro de Gustavo de Maeztu pertenece a la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao. El hombre del retrato es Tomás Meabe Bilbao  (Durango, 1879 – Madrid, 1915), escritor y político socialista vasco.

Comenzó su actividad política siendo discípulo del nacionalista Sabino Arana, pero sus ideas fueron derivando posteriormente hacia unas concepciones de izquierda que le llevarían a fundar las Juventudes Socialistas del PSOE.

Meabe fue, a lo largo de su corta vida, uno de los mejores amigos de Gustavo de Maeztu; impulsor, además, de la Asociación de Artistas Vascos.

Fue encarcelado en varias ocasiones por su defensa de los principios socialistas, y desterrado dos veces de España (en 1904 y en 1906). Entonces, fijó su residencia en París, adonde Maeztu se mudó con su amigo en 1907 a probar suerte y sin apenas medios económicos. En la capital francesa, Gustavo trabajó con insistencia como pintor, mientras que Meabe se ganaba la vida como traductor del escritor inglés Walter Scott.

 

 

Miguel de Unamuno

Técnica: dibujo sobre papel. Fecha: 1916. Medida: 33,3 x 27,2 cm.

¿Conoces la vinculación del pensador bilbaíno con la familia Maeztu Whitney? Aquí te lo contamos:

Miguel de Unamuno siempre fue una las personas más admiradas por la familia Maeztu Whitney. El origen de ello: un jovencísimo Ramiro de Maeztu comenzó a entablar amistad con él, una estima que perduró en el tiempo pese a algunas discrepancias intelectuales.

Cuando doña Juana Whitney enviudó, en 1894, se trasladó a Bilbao con sus hijos. Gracias a su buen dominio del francés e inglés, fundó un centro docente que llamó ‘Colegio de señoritas Whitney de Maeztu. Academia anglo-francesa’. Por su formación multilingüe y sabiendo de la amistad entre su hijo mayor y Unamuno, entonces rector de la Universidad de Salamanca, en 1901 Juana solicita las condiciones para presentarse a una cátedra de francés en dicha universidad. La idea que le impulsó a ello era la esperanza de poder facilitar la colocación de su hija María, que por aquel entonces todavía no había cumplido los 20 años y poseía el título de Maestra Superior. Con este propósito, María de Maeztu pudo matricularse como alumna libre de la Universidad de Salamanca como estudiante de Filosofía y Letras. Y pasó estos años universitarios viviendo en casa de don Miguel como una hija más de su familia a la que le daba clases particulares.

Unos pocos años más tarde, en 1908, Gustavo de Maeztu y un grupo de artistas publicaron el primer número del efímero semanario El Coitao, para el que contaron con la firma de Miguel de Unamunov ya por entonces prestigioso escritor y pensador— gracias a la relación que este mantenía con su familia.

Intelectualmente, en esos años existía la conocida como ‘Generación del 98‘, conformada en un primer momento por el llamado ‘Grupo de los Tres’: Ramiro de Maeztu, Pío Baroja y Azorín, a los que pronto se les unió, entre otros escritores, Miguel de Unamuno, considerado por muchos el líder espiritual del grupo. Unamuno siempre inquietó a la anquilosada ciudad de Bilbao. Gracias a su prestigio intelectual, su colaboración efímera con ‘El Coitao’ avaló a unos artistas jóvenes que querían abrirse paso, pero que, por su juventud, todavía no poseían la fuerza para defender por sí mismos sus planteamientos.

En la obra pictórica y literaria de Gustavo de Maeztu se entrevé un parentesco ideológico con el maestro vasco: el dolor y la visión decadente de una España presente, y el sueño futuro de una España renovada y moderna.

'Retrato de Miguel de Unamuno', por Gustavo de Maeztu.

«Retrato de Miguel de Unamuno», por Gustavo de Maeztu.

 

Carmen Tórtola Valencia

Fecha: 1919. Técnica: óleo sobre lienzo. Medidas: 70 x 50 cm.

Este cuadro de Gustavo de Maeztu pertenece a la colección del Museo de Bellas Artes de Álava. La mujer retratada es la bailarina Carmen Tórtola Valencia (Sevilla, 1882 – Barcelona, 1955), uno de los nombres más destacados de la cultura de la España de principios del siglo XX, especialista en danzas orientales y pionera en la emancipación social de la mujer en el mundo de las artes. Maeztu la representa de una manera clásica, mirando de frente al espectador y con la cabeza cubierta por una mantilla.

Tórtola aprendió el baile africano, árabe e indio investigando en bibliotecas y reinterpretándolo a su modo, y lo llevó a numerosos lugares de Europa. Sin embargo, su arte no fue tan apreciado por las masas, sino más bien por los intelectuales de la época. Literatos de la talla de Pío Baroja, Valle-Inclán, Jacinto Benavente o Pérez de Ayala tenían a Carmen Tórtola como musa. La escritora Emilia Pardo Bazán dijo de ella que era la personificación de Oriente y la reencarnación de Salomé (la princesa idumea, hija de Herodes Filipo I y Herodías).

Fue, además, coleccionista de arte precolombino. Era budista, vegetariana y defensora de la abolición del corsé como pieza convencional del vestuario femenino. Aunque se conocen las numerosas relaciones que mantuvo con varios hombres intelectuales, vivió la mayor marte de su vida con una mujer 14 años menor que ella, Ángeles Magret Vilá, a la que adoptó como hija para guardar las apariencias.

Este cuadro de Maeztu, en el momento de la compra, se encontraba en el estudio del pintor José Gutierrez Solana (Madrid) y figuraba como perteneciente a la colección del marqués de Foronda (Barcelona).

 

La reina María Cristina

Se trata de una alegoría de la dimensión histórica de la Corona española. Por encima de la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena (1858-1929) y de su hijo Alfonso XIII (1886-1941), se alza la poderosa figura del antepasado rey San Fernando, acorazado, con manto, espada y la corona real entre las manos a la altura del pecho, cuya figura destaca ante la portada de una iglesia medieval, con rosetón en la parte superior. El pasado glorioso de España, simbolizado en lo descrito, contrasta con el primer término, en el que se presenta a la reina regente, sedente y frontal, con su hijo —el futuro rey— en su regazo, de lateral. Un manto cubre las piernas de la reina y un león esculpido en piedra, una balaustrada y dos columnas quedan a su espalda. María Cristina acerca su cara a la cabeza del niño y toma con su mano derecha la izquierda de él. La expresión de ambos es triste, tal vez por la conciencia de los críticos signos de la patria, sumida en revoluciones y luchas de poder. En cuanto a la técnica empleada por Maeztu, sobre un correcto dibujo aplica aguada de gouache con toques puros de colores fríos como bermellón, azul, verde, gris, blanco, etc.

 

San Francisco Javier (misionero y patrón de Navarra)

Aunque Gustavo de Maeztu estaba poco familiarizado con la iconografía religiosa, sí representó en algunas pinturas a San Francisco Javier, patrón de Navarra. Recreó escenas de su vida como misionero y sacerdote en los paneles del Palacio de Navarra (Diputación foral), así como en uno de los cuadros de grandes dimensiones que decora el interior de la parroquia San Francisco Javier de Pamplona.

En el Museo Gustavo de Maeztu conservamos este retrato de 1935, un dibujo sobre papel procedente del estudio del pintor de 64,5 x 49,5 cm.

El artista alavés representa aquí el busto del santo, ligeramente lateral y con la cabeza inclinada mostrando su perfil racial, cruzando el brazo derecho sobre el pecho. Se le representa en plena naturaleza, con un río o lago detrás, dos árboles a la izquierda junto a la orilla, recortándose en el cielo el arbolado y la vegetación que crecen en la orilla contraria. El cielo comienza a aclararse en el horizonte por efecto del incipiente amanecer, pero aún se muestra en general oscuro, quedando San Francisco Javier en la penumbra. Solo las aguas emiten reflejos y quedan suavemente iluminadas la cara y mano derecha del santo: así se muestran la expresión espiritual del célebre navarro y la mano transmisora de la fe. Se encuentra en vigilia, rezando, con una perfecta modulación de luces y sombras en su rostro. El volumen del cuerpo se consigue en parte con un rascado del soporte que ayuda a distinguir las formas del hombro y brazo derecho dentro de la oscuridad. Se emplean los colores negro, ocre, verde y azul sabiamente mezclados, sin desdeñar las luces naturales ofrecidas por el soporte.

 

Beethoven y el poeta (Lord Byron)

Fecha: 1932. Técnica: pintura sobre tela. Medidas: 99 x 119 cm

Vemos en primer término a dos hombres sentados, que representan al poeta inglés Lord Byron y al célebre compositor Ludwig van Beethoven, dos iniciadores del Romanticismo en sendas artes.

Detrás, se alejan en el espacio una red de estanques delimitados por pequeños diques, con escalones, balaustres y un puentecillo. Varios cisnes nadan en uno de ellos. En el fondo, unas filas de arbolillos crecen en la pradera y se destaca en el horizonte un castillo en ruinas (a la izquierda) y otro amurallado (al centro).

Es vigoroso el modelo de primer término –que da reciedumbre a los cuerpos- y delicadamente poético el paisaje, como si fuera una consecuencia de la naturaleza ideal soñada por los creadores: el poeta y el músico. Se representa al primero mirando a Beethoven y a este concentrado en sí mismo, abstraído, como si ambos se inspiraran en ese momento.

La contraposición de términos es correcta. Colorido frío (ocre verdoso, azul turquesa, lilas, verdes alimonados), poco avivado por una luz mágica que se presume de atardecer. Maeztu compone los cuerpos con ritmo, colocando bien las manos de los personajes: el poeta, de perfil, mira a la izquierda y apoya su mano derecha en la barbilla; el músico, en segundo término, de frente, se acaricia las manos.

El tema romántico queda reflejado en el cuadro por ese paisaje de ensoñación, un paisaje concebido siempre como como la traslación de un estado del alma, un sentimiento poético.

 

Víctor Eusa (arquitecto)

Navarra y, en especial Pamplona, no puede entender su arquitectura urbana sin el sello de Víctor Eusa Razquin (Pamplona, 1894-1990).

Maeztu decide retratarlo con la fachada, al fondo, de una sus obras más emblemáticas e imponentes alzadas en la capital foral: el Seminario Conciliar de San Miguel. La pintura de Gustavo está fechada en 1934, tres años después de que Eusa diseñara el edificio.

Víctor Eusa realizó sus estudios de arquitectura en Madrid, que finalizó en 1920. A partir de entonces, se traslada a Pamplona, donde concentra la mayor parte de su obra.

Entre 1937 y 1941, ocupa el cargo de arquitecto municipal de la ciudad y proyecta importantes reformas urbanas como los jardines de la Media Luna o la Taconera.

En 1945, es nombrado arquitecto provincial de la Diputación Foral de Navarra, cargo de desempeña hasta 1962. En esos años y al margen de ese título, diseña hasta 19 edificios de viviendas en Pamplona. El ladrillo y el hormigón eran los materiales que más cómodamente manejaba.

En 1967 fue nombrado académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y en 1979 deja el ejercicio profesional.

Eusa diseñó, en 1929, la basílica actual de Nuestra Señora del Puy, situada en el alto de Estella-Lizarra y construida sobre la edificación religiosa barroca de la que hoy se conserva el atrio de acceso y que antes fue una ermita. El arquitecto navarro perfiló en ella un estilo moderno neogótico con la estrella de ocho puntas de la ciudad del Ega como protagonista.

Otros proyectos que se pueden destacar de su dilatada carrera son: la Casa de Misericordia, la iglesia de los Paúles, el colegio de Escolapios, el Casino Eslava o el Gran Kursaal de San Sebastián.

 

Tomás de Zumalacárregui (general carlista)

Gustavo de Maeztu realizó diferentes versiones al retratar al general Zumalacárregui. A continuación os presentamos dos de ellas, un precioso lienzo ubicado en el Archivo Municipal de Pamplona y una litografía que se puede localizar en el Museo del Carlismo (Estella-Lizarra).

Tomás de Zumalacárregui (1788-1835), apodado ‘El lobo de las Amezconas’, fue un militar español que llegó a liderar al ejército carlista en la Primera Guerra Carlista (1833-1840).

Durante el reinado de Fernando VII, Zumalacárregui siempre se postuló en su defensa y protección, así como en el posicionamiento del bando antiliberal. Con el fallecimiento del monarca, se originó una atmósfera turbia de enfrentamientos y guerras bélicas: las guerras carlistas. En la primera de ellas, el protagonista por excelencia fue Zumalacárregui, firme defensor del absolutismo de Carlos María Isidro (hermano de Fernando VII), en detrimento de la coronación de la hija de Fernando VII, Isabel,  así como de su madre, la reina consorte María Cristina. Debido a la aprobación de la Pragmática Sanción de 1830, que invalidaba la Ley Sálica, las mujeres podían regir, de ahí el desencadenante de los acontecimientos y la dura intervención del general.

Zumalacárregui murió sitiando Bilbao en 1835 a causa de una grave herida en la rodilla.

Lienzo El general Zumalacárregui (1938)

Gustavo de Maeztu, en 1938 durante la creación del lienzo ‘El general Zumalacárregui’, de grandes dimensiones.

 

Este lienzo de importantes dimensiones que acompaña de fondo a Maeztu en la fotografía fue un encargo realizado por la familia Baleztena para ubicarlo en el Museo de Recuerdos Históricos (Pamplona). Un dato anecdótico es que, debido a estas grandes magnitudes, Maeztu lo pintó en una de las estancias del Monasterio de Irache. Aquí, un pequeño detalle del cuadro en el que aparece el general Zumalacárregui.

 

Litografía Zumalacárregui (1931-1932)

El alavés realizó diferentes litografías en torno a este personaje. Esta una de ellas, ubicada en el Museo del Carlismo (Estella-Lizarra) y propiedad del Museo Gustavo de Maeztu (Estella-Lizarra).