Fermín Alvira: entre los clásicos y los niños

“Para ser verdaderamente modernos, es necesario regresar al principio de todas las cosas” (Octavio Paz). 

 

Esta parece haber sido la filosofía de Fermín Alvira (Bilbao, 1972). El pintor, afincado en Pamplona, dedicó una etapa de su obra a reinterpretar autores clásicos como Vermeer o Velázquez. Actualmente, sin embargo, las calles, el tiempo actual llaman más su atención. El artista impartió un taller a los niños de Estella la semana pasada, en el que los pequeños realizaron actividades en torno a los lienzos de Gustavo de Maeztu, como construir un gran dado de cartón cuyas caras estaban ocupadas por rostros de sus pinturas.

 

Poesía en torno a Velázquez 

Pero también ellos se sumaron al “reciclaje” de obras ya creadas, plasmando su propia visión de los cuadros a través de collages, pues volver la vista atrás a la creación que precede a las producciones actuales, en palabras de Alvira, responde a la propia naturaleza del arte: “Las cosas no tienen una sola mirada, sino un misterio que hace que tengan tantos puntos de vista como personas las miren”. Para la directora del museo, Camino Paredes, significa conectar el presente con la tradición artística más valiosa

¿Se puede leer en las obras de cada artista? Es factible trazar un hilo conductor entre la realidad que percibimos y las evocaciones que nos confiesan aquellos que han realizado una creación plástica desde la posición de activista en este siglo XXI? Desde la noche de los tiempos, las imágenes se han adueñado de la memoria colectiva de los artistas, estas nunca han dejado de cumplir con su vocación que no es otra que la de transformar el instante en eternidad, tanto cuando están plasmadas en un lienzo como cuando se fijan en el duro soporte que da forma a la escultura.

 

Poesía en torno a Vermeer

 

Cada obra guarda una historia, unas veces estas son absolutamente crípticas, otras sencillamente ilegibles, aunque en muchas ocasiones, cada obra nos anima a penetrar en ellas, dándonos pistas, huellas por las que surcar el camino hacia su comprensión y disfrute. Desde Van Gogh, a Caravaggio, desde Cezanne a Picasso, desde Piero Della Francesca a Veronés, cada obra nos transporta, nos despierta a un mundo de imágenes, a través de las cuales podemos percibir vivencias, referencias religiosas, literarias, vínculos y nexos entre obras maestras y artistas menos conocidos, adentrándonos en tradiciones iconográficas que nos reconfortan y explican.

 

Todo en definitiva es un hacer hacia la articulación de una gran obra. Tenemos que saber acercarnos a las obras de arte, a los artistas que las configuran y sueñan, tenemos en definitiva que atrevernos a tener una visión de cada obra, a proyectar en ella y a recibir sentimientos y evocaciones, a tomar la medida de cada universo, ese que sólo obtenemos si miramos desde la óptica del conocimiento y la interacción.

 

Los niños en la inauguración del taller

 

La de este año no ha sido la primera experiencia de Fermín Alvira con la enseñanza, pues es gran parte de su trabajo que, como él comenta, compensa la soledad del trabajo de estudio. Habitualmente da clases en Pamplona y confiesa que la docencia ha sido su mayor fuente de conocimiento del arte. Tampoco ha sido su estreno en los talleres del Gustavo de Maeztu, pues el año pasado ya los impartió. Y el contacto con los niños es un añadido para él, que observa en los pequeños “una mirada y naturaleza libre de de prejuicios”. Además, el año pasado fue padre, algo que ha hecho a su pintura “menos contenida, azarosa, divertida”. En la actualidad, precisamente, ha decidido centrarse en la figura humana, cada vez más presente en sus obras, en las escenas de calle, que le atrae por ser “un lugar de encuentro de gente de todo tipo”.

 El sentido de la vida

Asombro y delicadeza

Alvira, tal como relataba Camino Paredes en el artículo publicado en Diario de Navarra el 13 de abril del año pasado, titulado Fermín Alvira, la nostalgia recorrida, es un artista “delicado”, cuyas obras están “muy meditadas, hay mucha investigación y observación en ellas”. Es un “hombre suave”, continúa Paredes, con una gran capacidad de asombro. “Todo me impacta, me interesa, me gusta”, relata él mismo. Es, por eso, un pintor cuya atención se despierta tanto con los grandes referentes artísticos como por las situaciones cotidianas actuales, dentro y fuera de las aulas.

Marta Vidán