A PROPÓSITO DE LA EXPOSICIÓN “CINCO CLAVES DE LA PINTURA NAVARRA”: FLORENCIO ALONSO.

EL ARTISTA EN SU HÁBITAT (IV) CAMINO PAREDES

Florencio Alonso, situarse en la periferia

- Camino Paredes, experta en arte, ex directora general de Cultura y ex directora del Museo de Navarra, sigue indagando en la obra y las circunstancias de los pintores navarros más relevantes. En esta ocasión, habla del estellés Florencio Alonso Sevilla

Viernes, 27 de febrero de 2009 – 04:00 h.

LA distancia física y espiritual en ocasiones permite tener una visión mucho más próxima y certera de las cosas que el deambular chirriante entre ese centro activo y mordaz que es la competición de la vida.

Florencio Alonso ha preferido seguir alejado, sin esconderse, apartado sin dejar de participar, en un movimiento lento pero nunca pasivo, viviendo la belleza apacible de su ciudad, Estella, anclada en la grata nostalgia de sus bellos monumentos, reposada en el suave sonido del agua que fluye y la atraviesa, como las líneas que se curvan en las pinturas de este recoleto artista.

Alonso tiene su estudio en un punto de inflexión de otra sinuosa línea, el Camino de Santiago. Desde él, observa el eterno transitar de los peregrinos, siempre distintos en un fluir reiterado y con el mismo rostro, pasado y presente, en un choque de energías que impulsan sus ganas de crear algo novedoso desde la sombra de las piedras de la vieja historia. Su estudio, blanco, nítido, acoge los trabajos realizados de pequeño formato, todos vueltos hacia la pared, en un gesto de pudor y timidez que acompañan a Florencio incluso en sus paseos solitarios por Los Llanos. Soledad necesaria, buscada, propiciada por la defensa de su recoleto patio presidido por un peral, atrincherado y defendido por los muros imponentes del Convento de Santo Domingo y los vestigios de los Castillos. “Sé que no es necesario alejarse para observar los acontecimientos más complejos, o lo que es lo mismo, los más sencillos. En este sentido, el lugar del hábitat en sí mismo no me parece determinante, pero sí la forma de observarlo”.

Reflexión estética

Soledad sobre la que se asienta su intensa reflexión estética, su observación y su amor a la pintura, que “siempre ha sido sinónimo de interrogación, se trata del instrumento perfecto para construir preguntas; pero de la misma forma, pienso en la idea de la belleza: ésta se mueve en un parámetro inestable, a capricho entre lo familiar y desconocido; lo luminoso y lo tenebroso, estableciendo el mecanismo del juego para la intervención en la obra. La pintura es una forma de identidad e indagación, y me preocupa la evocación de la invisibilidad a la que tan a menudo recurro cuando hablo de mi trabajo. La invisibilidad está implícita en toda la pintura, desde la prehistoria a nuestros días: pintar para visualizar la otra cara de las cosas, lo que no se ve a simple vista y está ahí.El resultado puede ser estéticamente bello o incluso feo o desagradable, pero lo substancial está en la propia interrogación, en el énfasis que se deja insinuar”.

Florencio Alonso compatibiliza este trabajo de reflexión y creación estética con las clases de pintura que imparte desde hace años en las aulas promovidas por el Ayuntamiento de la ciudad. Este contacto diario, cercano y dialogante con los alumnos abre surcos en su introspección, impidiendo el distanciamiento total, convirtiéndolo sólo en aparente. Esta tensión preside su trabajo. “La necesidad de alejamiento a la hora de trabajar es una constante en mi obra y se nota en cada etapa que he abierto”. El alejamiento creativo se complementa con el contacto episódico, la ligazón con la Galería de Moisés Pérez de Albéniz, sus presencias en ARCO, en colecciones como las de la Caixa, la Digital & Video Art Fair, DIVA, y en abundantes muestras colectivas e individuales, las más recientes en el Museo de Navarra, la Galería Pérez de Albéniz o el Museo Gustavo de Maeztu, dan testimonio de su vocación participativa y de su diálogo continuo con el mercado.

La pintura de Florencio Alonso es laberíntica, escueta, simplificada al máximo, tecnológica. “Siempre parto de un concepto que me sirve de vehículo para ponerme en marcha hacia el proceso de la obra, aunque con ello no descarte la necesidad de crear una zona de riesgo, de caída si es necesario, como si de un juguete peligroso se tratara”. Y se le nota que la sensación de riesgo, incluso el vértigo de la incertidumbre, el temor a que se le descubra antes de tiempo, le llevan a guardar celosamente las últimas producciones. Están escondida+s, imposibles de contemplar mientras los tanteos no sean seguridades. Por ello, no puedo tener acceso al trabajo actual, Florencio Alonso está en plana exploración y teme que la luz de la visión de los demás malogre el impulso que le mueve. No es inseguridad, es dignidad. Queda respetada, pronto conoceremos el resultado de esta dura lucha por dar pasos adelante.


Desde la pintura

Conozco su trabajo y lo he seguido de cerca desde hace más de dos décadas. Sus impulsos han sido firmes, contundentes, se ha ido despojando ascéticamente, buscando una transparencia musical, las conexiones de identidad con otras disciplinas son evidentes. “La pintura me ha llevado de la mano hacia la música, la poesía, la filosofía, como un eslabón de una misma cadena, arrastrándome como si fuesen compañeras inseparables en el viaje: Bach es algo sobrenatural caído sobre el planeta, el minimalismo en el XVII; empecé a sentirme acompañado al descubrir a Schopenhauer, al ver caer de un árbol una semilla en forma de hélice; la erudición de Nietzsche, como filósofo y no menos despreciable como novelista o ensayista”. Esta limpieza, el deseo de llegar a una esencia depurada y casi mística, ya se advertía en un trabajo muy espiritual que realizó sobre Los Crismones, una serie de piezas con técnicas diferentes, que dejaban ver la lisura de su intención.

Mas tarde, y en un peregrinar hacia el reduccionismo, fueron llegando sus trabajos postminimalistas, en los que el color brillante, la concentración de las formas, la amplitud de los espacios vacíos, la esencialidad, presidían el horizonte de las composiciones, todas de belleza enjaulada. Como dijo Rosa Martínez de Lahidalga, “trabaja con composiciones sencillas y repetitivas, pero que ha insistido mucho sobre el distanciamiento, sobre la sensación de intemporalidad y de superficie helada que le proporciona el uso de materiales sintéticos como las láminas de metacrilato o los colores metalizados. Combina ese esencialismo y esa frialdad por momentos casi industrial de la ejecución a base de emulsiones metalizadas, con un universo de formas de procedencia orgánica, biomórfica”.

En sus últimas exposiciones, hemos llegado a un artista cuya abstracción se depura, se retuerce y se limpia, recupera la intensidad de la pintura, aunque en su base siempre está el juego de la tecnología, alcanzando en todos sus formatos, el vacío, el laberinto que se corta, que nace y se trunca en los bordes de la superficie que los acoge. Florencio se cuelga como lo hace Leger, en un conglomerado de formas interrumpidas, pero aquí no hay vida, no hay latido, solo atmósfera y silencio, “la curiosidad de niño, al observar la desnudez de las estructuras de edificios en construcción; un ámbito de provisionalidad, desolado, sin paredes ni suelo y escaleras perdiéndose en el vacío”. Juan Manuel Bonet,que estima su trabajo, al incluirlo en la exposición Silencios, 22 Pintores Navarros, dice que Alonso no rehuye la tentación de lo fragmentario. Yo diría que Alonso, desde su distanciamiento, se enfrenta con valentía al riesgo, a la ironía de crear un artificio como es la obra artística, desde la máxima simplificación, o lo que es lo mismo, queriendo prescindir de lo prescindible. Tarea quimérica que tal vez logre alcanzar.

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