A PROPÓSITO DE LA EXPOSICIÓN “CINCO CLAVES DE LA PINTURA NAVARRA”

Una cita, la exposición “Cinco claves de la pintura Navarra”, y a propósito de ella, vamos a ir circulando por los perfiles de cada uno de los artistas que la integran. Para hacerlo retomamos en este Blog, cinco textos aparecidos en DIARIO DE NAVARRA, en ellos, desde la visión de quien escribe, nos acercamos de una manera humana y personal a la peculiar manera de ver la pintura y entenderla de estos cinco pintores navarros: Javier Balda, Florencio Alonso, Koldo Sebastian, José Ignacio Agorreta y Elena Goñi.

EL ARTISTA EN SU HÁBITAT (V) CAMINO PAREDES
Javier Balda: las geometrías son metáforas
- La experta en arte y ex directora general de Cultura, Camino Paredes, prosigue su recorrido por los lugares de trabajo de los más destacados pintores navarros con Javier Balda (Pamplona, 1958), un artista de larga carrera afincado en San Sebastián
Miércoles, 8 de abril de 2009 – 04:00 h.

R EPRESENTAR la fugacidad del tiempo y de la vida, moverse en territorios de eliminación formal, transitar por superficies que admiten el mensaje perseguido a costa de superponer elementos que provocan nuestra emoción, lograr nuestra complicidad penetrando en laberintos en los que la perspectiva y la organización regulan la existencia, en definitiva, llegar a plantear un compendio de sensaciones y sentimientos a través de imágenes trabajadas, ordenadas, hace que artistas tan poliédricos como Javier Balda logren convencernos con su afanoso esfuerzo en este territorio sin fronteras que es el arte de este sinuoso siglo XXI.
Javier Balda siente la emoción de la creación, y va más allá, vive el estímulo del pálpito artístico, materializa proyectos integrales que le mantienen conectado al proceso y le permiten reflexionar sobre la conjetura del hecho creador en su conjunto, de ahí sus incursiones en el Comisariado de exposiciones, en el diseño, su voz teórica y reflexiva, su contacto permanente con lo visual, su nada desdeñable compromiso con la palabra, en definitiva, su abundante trabajo que permanece en un continuo evolucionar, en un progresivo estadio de interrogación de hacia qué rumbo debe seguir, en qué dirección puede planear.
Balda vive en muchas de sus facetas, la actividad artística, me consta su visión exhaustiva y crítica de lo que acontece, su interés va de los márgenes hasta el núcleo por él proyectado, en realidad, sus obras tienen un tinte metafórico, porque construyen pieza a pieza la síntesis de sus ideas, esas que con calma pero con visión analítica, superpone y expone en la conversación exigente de lo que esperamos y deseamos para la situación artística de nuestra Comunidad. Me llega su entusiasmo, me conmueve su sincero interés, me apena la conclusión aciaga de una realidad local nada alentadora. “Mantengo un sentido crítico con la práctica de arte en Pamplona y en Navarra.Hablo de la formación de los artistas, de las oportunidades, de la visibilidad más allá de la prensa en determinados momentos. Tengo la sensación constante de que hablar de arte aquí es hablar de un inexistente privilegio, apreciado en una consideración más antigua que contemporánea; de que es imposible que las instituciones quieran consolidar ofertas coherentes y continuadas relaciones entre arte y conocimiento hacia los ciudadanos; en los últimos años se han asentado algunos programas, el museo Oteiza, algunos festivales de cine, la oferta de teatro y música es alta, pero la sensación es demasiado voluntarista, con poca decisión programática y política, al menos en las artes visuales se necesita un impulso fundamental que evite una continuada endogamia y que siga considerándolas un complemento de ocio”. Me reconcilia su ánimo locuaz que vive la plenitud del entusiasmo por dar pasos adelante, al margen de circunstancias temporales y coyunturales.
Javier siente vívidamente la realidad plástica navarra, pese a vivir en San Sebastian, su actividad tiene dos cauces fijos de desarrollo. Pamplona es un pilar esencial en su vida, aquí ha nacido, trabaja continuadamente, aquí planean los recuerdos familiares, su primera incursión en la creación: “Mis inicios están ligados a mi padre, a verle pintar en casa, manejar pinturas y pinceles, dibujar, participar en concursos de carteles, visitar los domingos exposiciones y coincidir con sus amigos pintores: Lasterra, Ascunce, Beunza, ¡incluso Basiano en el Biscuter!…Desde muy joven buscaba mi sitio en ese mundo decantándome por imágenes menos convencionales., rechazaba lo convencional; verme inmerso de repente en los Encuentros de Pamplona, la rareza en plena calle, no sabiendo qué pasaba pero apreciando cada detalle de toda aquella propuesta contradictoria y radicalmente moderna, Valcárcel, Lugán, Crónica, Zaj, la recuperación de espacios en Pamplona, y el aprecio por los incipientes trabajos de Royo, Salaberri, Morrás, Osés, Azqueta, Bados, Anda.De la misma manera recuerdo los primeros encuentros con Pedro Manterola, al que – aunque no le guste- tanto debo de la visión y la recomendación de lecturas, de otra forma de apreciar, refutar y encontrar lugares esenciales en el arte”.
En San Sebastián
Frente a estas páginas de la memoria, San Sebastian brinda a Baldó el entusiasmo de lo novedoso, aquí instala su estudio “con otra ilusión, una ciudad nueva algo más cosmopolita, que tenía galerías, y el incipiente y magnífico proyecto de ARTELEKU que nos conectó y nos hizo compartir diferentes prácticas más abiertas. En realidad es en San Sebastian en donde empecé a plantear un trabajo más sistemático, más entregado, más agotador y con más ambición de oficio y también a exponer comercialmente. Fueron los años en que, quien más quien menos, pululamos en cursos y becas por Madrid, Bilbao, Berlín, París y otros en Nueva York”.
Javier trabaja en un amplio estudio, una nave industrial luminosa y diáfana, abrigada por las colinas que rodean San Sebastian, es un estancia que le acerca a otros oficios, otras naves y talleres que el brindan la rutina de la práctica laboral, los horarios de los oficios cuyos límites y ataduras parecen querer colisionar con el ritmo voluntario que él marca a su jornada: “Me gusta sentirme en ese ambiente de proceso industrial y producción laboral (no es snobismo), de manejo de materiales y de cercanía a quienes tienen trabajos de horario fijo y creación de su actividad. Entre mis conflictos siempre ha estado dotar de sentido a la actividad artística pero a la vez olvidar la parte intelectual y poder sentirlo sólo como oficio”. Su estudio es un lugar de invención, un espacio abierto a la creación, dilatado y silencioso, propio y personal, nítido y propiciador, en él, sin duda, Javier siente la libertad de practicar el trabajo como necesidad, siendo dueño del tiempo y de las pulsiones que su voluntad le dictan.
Veo el trabajo de Balda ligado a ese espacio, a ese laboratorio donde maneja el orden y el caos, la intimidad y su constante pulso social; su obra enfrentada al orden, a la arquitectura, destila compromiso, quizás es lo que más me planea cuando contemplo su trabajo, sus materializaciones van mucho más allá de la imagen, Javier ha llegado al momento actual, pagando el peaje de un notable conocimiento del arte del siglo XX Y XXI, surrealismo, informalismo europeo, Escuela de Nueva York, Warhol, Lichtenstein, Baselitz, Kiefer, Hockney, Anthony Caro, Judd, el arte conceptual de los 70, una amplia cultura estética que es referencia e inspiración, gracias al sabio manejo de su retina, voluntad y creatividad, Balda ha alcanzado un momento de sólida contundencia formal, de elegancia estética, sin carecer o desprenderse de los rasgos que han conformado su lenguaje, y le han convertido en un artista con espacio propio en el panorama de las artes plásticas actuales españolas. Sirvan de referencia su presencia continuada en ARCO y sus últimas exposiciones con sus galeristas Moisés Pérez de Albéniz, las galerias Altxerri y Bach Quatre, o su escueta pero firme representación en la exposición Silencios, 22 artistas navarros, realizada en la sala de Baluarte, y más recientemente, la exhibición de una obra invitada en el Centro Huarte de Arte Contemporáneo.
Esta última pieza, de gran formato, sintetiza las diversas líneas de trabajo de Balda, cuyo nexo común es el uso de fragmentos de estructuras y tramas diversas. Sus piezas han ganado firmeza, énfasis, juego volumétrico, primando la irregularidad perimetral sobre la superficie más plana, con la base del uso de colores básicos fríos, parco en su uso, contundentes en su resonancia. Las geometrías de Balda están en un continuo fluir, son sensibles al discurrir del tiempo, pasado y futuro, tal vez por ello, en sus trabajos encontramos su soledad, su emotivo interés, su eterno afán por involucrarse, su persistente pregunta de hacia dónde va su pintura y sus sistemas de representación, y por extensión y empatía, hacía dónde camina esa sociedad con la que pese a su sentimiento de retraimiento no deja de estar totalmente implicado. Sin duda, su sentido crítico es motor y estímulo para todos.

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