Joan Mitchell, la pasión por la pintura

JOAN MITCHELL O DESCUBRIR LA PINTURA.

No puedo resistirme, deseo iniciar este ELOGIO DE LA PINTURA con una referencia no por breve poco apasionada de una mujer esencial en la memoria reciente de la pintura sin tiempo ni fronteras: Joan Mitchell.

Pocos trabajos tan fascinantes, pocas experiencias tan apasionantes como las que esta mujer infinita nos dejo en el diario íntimo de su proyecto creativo. Descubrir a Joan Mitchell es descubrir el color, la pasión, la poesía y el amor por la vida y lo bello. Su obra es toda una experiencia de esencialidad. La emoción lo embriaga todo, porque a través de un código insospechado e insondable alcanzamos la culminación del aura. Mitchell logra explicarnos el milagro de la pintura.


El arte de Joan Mitchell (1925-1992) es inconfundible: abstractas composiciones expresionistas de gran formato; pinceladas decididas, rotundas y trazadas con pinceles variados. No obstante, el arte de Mitchell amerita un acercamiento más allá de lo meramente técnico. Su obra es, en última instancia, una seria tentativa por vincular arte y poesía a través de una postura estética comprometida con su propia expresividad.

Mitchell nació en Chicago, en los Estados Unidos, durante un periodo de notable prosperidad regional. Durante su juventud viajó a Europa y a México, antes de radicar definitivamente en Nueva York. La Gran Manzana atrajo a Mitchell por su dinamismo cultural y la oportunidad de impulsar su carrera como artista. Justo a inicios de la década de 1950, Mitchell conoció a Willem de Kooning y Franz Kline, experimentados pintores de gran renombre. Tras una serie de exitosas exposiciones individuales, Mitchell ya era una de las exponentes más destacadas del expresionismo abstracto, el movimiento artístico predominante en Europa y Estados Unidos durante aquellos años.

 

Posteriormente Mitchell se trasladaría a Francia. Sus trabajos en esta nación también consistieron en composiciones abstractas de grandes dimensiones. No obstante, también ensayó variaciones en ellas, por ejemplo, en lo que se refiere al manejo del color, las estructuras de las figuras y otros detalles similares. Las obras de Mitchell tienen la particularidad del uso de goteos decorativos, lo cual hace un grato contraste con sus firmes pinceladas.

 

Las pinturas de Mitchell, allende su abstracción rigurosa, están motivadas en sus ricas vivencias interiores, y plasmadas por medio de su sensibilidad por lo mágico, lo prodigioso del ser. Esto se explica por la formación que tuvo Mitchell en donde se relacionó con círculos de poetas y literatos de gran nivel. En uno de ellos, la pintora recibió una gran influencia creativa del poeta Dylan Thomas. Desde entonces y hasta el final de su trayectoria Mitchell trató de aprovechar el potencial de la abstracción pictórica para comunicar- poéticamente- ideas, instantes sublimes, emociones y recuerdos.

Camino Paredes