Gustavo de Maeztu visto por los niños

Reportaje publicado en Diario de Navarra, 20 de julio de 2012

Marta Vidán

RefrescARTE el verano en Estella

Gustavo de Maeztu visto por los niños

El pintor Fermín Alvira (Pamplona, 1972) ha impartido por segundo año un taller a los niños de Estella en el Museo Gustavo de Maeztu. El pamplonés relata su visión del arte y lo enriquecedor que es trabajar dando clases, en especial con los pequeños.

“Tienen una mirada y una naturalidad que los hace libres de prejuicios. No buscan, por ejemplo, que su dibujo quede bonito y, sin embargo, logran una fuerza que a mí muchas veces me gustaría conseguir”. Así habla el pintor Fermín Alvira (Pamplona, 1972) sobre la relación de los más pequeños con el arte. El artista, que pasó siete años en Bellas Artes y cuenta con dos especialidades en el ámbito, conservación y pintura, impartió la semana pasada el taller Gustavo de Maeztu en 3D, al que, al igual que el año pasado, acudieron 15 niños de entre 6 y 10 años; e incluso hay alguno que ya había participado el verano anterior.

 

Trabajar en el Museo Gustavo de Maeztu es “un privilegio” para él. Para ellos, una experiencia divertida. “A casi todos los niños les gusta pintar”, comenta Alvira. Y resalta que el Maeztu es un espacio que facilita este tipo de actividades, que no sólo se encaminan al disfrute, sino que hace que se sientan valorados por sus dibujos y potencian su sensibilidad.

 

Los pequeños se acercaron a la obra del artista estellés a través de actividades muy peculiares: construyeron grandes dados con cartulinas y, en lugar de puntos, pintaron en él caras de los personajes de Maeztu. En otros ejercicios elaboraron los cuerpos de las figuras, pero dejaron un hueco para la cabeza y así pudieron ser ellos el rostro de los lienzos. Trabajaron, además, reinterpretando los cuadros a través de collages en los que plasmaron su propia versión de los cuadros.

 

Ver las obras de otros artistas con nuevos ojos es algo a lo que él mismo se ha dedicado. Alvira cuenta entre sus cuadros con trabajos como Poesía en torno a Vermeer o Poesía en torno a Velázquez. Valora este ejercicio como una forma de reflexionar sobre cómo se pintaría ahora algo que se elaboró en otras épocas. “Las cosas no tienen una sola mirada -comenta-, sino tantas como personas las miren. Eso es lo enriquecedor del arte, ese misterio”.

 

Ahora, sin embargo, se dedica a creaciones propias, sobre todo a plasmar escenas de la calle. “A mí me encanta la gente -explica-, y lacalle esun lugar de encuentro de personas de todo tipo. Siempre hay escenas sugerentes, energías que son diferentes en Nueva York, en Parmplona o en Madrid”. Alvira, pues, se dedica a pintar, como él mismo cuenta, lo que le motiva. En palabras de la directora del Gustavo de Maeztu, Camino Paredes Giraldo, el artista se acerca al paseante “con una visión romántica, y a través de esos personajes `robados´se adentra en la soledad”. Califica el actual estado de su obra como un “momento de nostalgia creativa”.

 

Pasión por los pequeños

La docencia no es una actividad marginal para el pintor. “Aprendí a pintar, pero aprendí sobre el arte cuando empecé a dar clases”, relata. Habitualmente complementa su creación con la enseñanza, casi siempre en Pamplona. Se trata de una actividad que no sólo le hace aprender en lo referente a aspectos técnicos, sino que le proporciona enriquecimiento humano. “Hay un contacto conla gente. Sino, el trabajo del artista en su estudio puede ser muy solitario”, explica.

 

Además, desde que su primera hija, Marina, nació el año pasado, comenta que le interesan otros temas; que en sus obras la figura humana ha cobrado un mayor protagonismo. “Mi pintura es ahora más libre, menos contenida. Me lo paso mejor”. Alvira es, pues, un artista que se divierte con lo que hace y que disfruta compartiendo su pasión a través con la enseñanza, más aún cuando sus alumnos son niños.

 

El Gustavo de Maeztu, además, iniciará su segundo taller de este verano el próximo martes 24. Hasta el viernes 27 estarán bajo la dirección de Yolanda Uriz, que les ayudará a identificar los distintos estilos pictóricos en la obra del artista estellés y a dar con elementos -imágenes, colores- que puedan asociar a otros cuadros. El último curso, impartido porla pintora Isabel SánchezGil, se desarrollará del 21 al 24 de agosto.

Fermín Alvira: entre los clásicos y los niños

“Para ser verdaderamente modernos, es necesario regresar al principio de todas las cosas” (Octavio Paz). 

 

Esta parece haber sido la filosofía de Fermín Alvira (Bilbao, 1972). El pintor, afincado en Pamplona, dedicó una etapa de su obra a reinterpretar autores clásicos como Vermeer o Velázquez. Actualmente, sin embargo, las calles, el tiempo actual llaman más su atención. El artista impartió un taller a los niños de Estella la semana pasada, en el que los pequeños realizaron actividades en torno a los lienzos de Gustavo de Maeztu, como construir un gran dado de cartón cuyas caras estaban ocupadas por rostros de sus pinturas.

 

Poesía en torno a Velázquez 

Pero también ellos se sumaron al “reciclaje” de obras ya creadas, plasmando su propia visión de los cuadros a través de collages, pues volver la vista atrás a la creación que precede a las producciones actuales, en palabras de Alvira, responde a la propia naturaleza del arte: “Las cosas no tienen una sola mirada, sino un misterio que hace que tengan tantos puntos de vista como personas las miren”. Para la directora del museo, Camino Paredes, significa conectar el presente con la tradición artística más valiosa

¿Se puede leer en las obras de cada artista? Es factible trazar un hilo conductor entre la realidad que percibimos y las evocaciones que nos confiesan aquellos que han realizado una creación plástica desde la posición de activista en este siglo XXI? Desde la noche de los tiempos, las imágenes se han adueñado de la memoria colectiva de los artistas, estas nunca han dejado de cumplir con su vocación que no es otra que la de transformar el instante en eternidad, tanto cuando están plasmadas en un lienzo como cuando se fijan en el duro soporte que da forma a la escultura.

 

Poesía en torno a Vermeer

 

Cada obra guarda una historia, unas veces estas son absolutamente crípticas, otras sencillamente ilegibles, aunque en muchas ocasiones, cada obra nos anima a penetrar en ellas, dándonos pistas, huellas por las que surcar el camino hacia su comprensión y disfrute. Desde Van Gogh, a Caravaggio, desde Cezanne a Picasso, desde Piero Della Francesca a Veronés, cada obra nos transporta, nos despierta a un mundo de imágenes, a través de las cuales podemos percibir vivencias, referencias religiosas, literarias, vínculos y nexos entre obras maestras y artistas menos conocidos, adentrándonos en tradiciones iconográficas que nos reconfortan y explican.

 

Todo en definitiva es un hacer hacia la articulación de una gran obra. Tenemos que saber acercarnos a las obras de arte, a los artistas que las configuran y sueñan, tenemos en definitiva que atrevernos a tener una visión de cada obra, a proyectar en ella y a recibir sentimientos y evocaciones, a tomar la medida de cada universo, ese que sólo obtenemos si miramos desde la óptica del conocimiento y la interacción.

 

Los niños en la inauguración del taller

 

La de este año no ha sido la primera experiencia de Fermín Alvira con la enseñanza, pues es gran parte de su trabajo que, como él comenta, compensa la soledad del trabajo de estudio. Habitualmente da clases en Pamplona y confiesa que la docencia ha sido su mayor fuente de conocimiento del arte. Tampoco ha sido su estreno en los talleres del Gustavo de Maeztu, pues el año pasado ya los impartió. Y el contacto con los niños es un añadido para él, que observa en los pequeños “una mirada y naturaleza libre de de prejuicios”. Además, el año pasado fue padre, algo que ha hecho a su pintura “menos contenida, azarosa, divertida”. En la actualidad, precisamente, ha decidido centrarse en la figura humana, cada vez más presente en sus obras, en las escenas de calle, que le atrae por ser “un lugar de encuentro de gente de todo tipo”.

 El sentido de la vida

Asombro y delicadeza

Alvira, tal como relataba Camino Paredes en el artículo publicado en Diario de Navarra el 13 de abril del año pasado, titulado Fermín Alvira, la nostalgia recorrida, es un artista “delicado”, cuyas obras están “muy meditadas, hay mucha investigación y observación en ellas”. Es un “hombre suave”, continúa Paredes, con una gran capacidad de asombro. “Todo me impacta, me interesa, me gusta”, relata él mismo. Es, por eso, un pintor cuya atención se despierta tanto con los grandes referentes artísticos como por las situaciones cotidianas actuales, dentro y fuera de las aulas.

Marta Vidán

La pintura navarra contemporánea se traslada a Estella

“Navarra es núcleo y punto de atención para quienes tienen interés en la pintura en España”

(Camino Paredes Giraldo, directora del Museo Gustavo de Maeztu)

El pintor Joaquín Ilundáin junto a Camino Paredes, que realizó una visita guiada como inauguración de la muestra

 

Desde ayer, 5 de julio, y hasta el 30 de septiembre, el Museo acoge veinticinco obras del fondo de arte contemporáneo de la Universidad Pública de Navarra. “Pintura y Universidad. Colección UPNA en su 25 aniversario” es una muestra formada en su mayoría por piezas de artistas navarros. La colección del centro académico nació con Paloma, una obra cuyo autor y donante fue el poeta y pintor Rafael Alberti.

Paloma (Rafael Alberti)

 

Claustro, del pamplonés Joaquín Ilundáin abre la exposición, que cuenta también con obras de pintores de tanto renombre como Pedro Salaberri, además de dos esculturas, una de Jorge  Oteiza y una obra de Antonio Eslava.

Claustro (Joaquín Ilundáin)

Navarra, un panorama pictórico brillante

Desde los años setenta, la Comunidad Foral fue abriéndose a las vanguardias. Esta selección es una oportunidad para reflexionar sobre la pintura navarra de las últimas décadas, referente para todos los interesados en el arte en España.

La exposición, aunque no abarca a todos los pintores de nuestra tierra, es representativa del entorno artístico navarro. Su estilo tiene una serie de rasgos comunes, entre los que resalta la alta formación y el dominio del pincel y un gran compromiso por la naturaleza.

Pedro Osés en la Fundación Oteiza

 

El pintor Pedro Osés

El pintor Pedro Osés

 

El trabajo pictórico de PEDRO OSÉS es sin duda una referencia de la pequeña historia de la pintura reciente de Navarra. Actualmente podemos contemplar un trabajo suyo muy interesante en la Fundación Jorge Oteiza de Alzuza, es por esta actualidad que rescatamos este artículo que se publicó en Diario de Navarra.

 

EL ARTISTA EN SU HÁBITAT IX. PEDRO OSÉS O EL COMPROMISO CON LA NATURALEZA.

 

Pedro Osés lleva muchos años buscando el camino, ese que le ubique en el mundo exterior sin colisionar con el interior. Llegar al conocimiento, tal vez sin intenciones de posteriores revelaciones, de la existencia de una Arcadia habitable. De ahí que en su periplo vital y artístico, el motivo central es el de un valle, naturaleza en plenitud que hay que remontar, acentuado por el de una gruta en la que hay que entrar, para alcanzar el mundo del más allá, escarceos de los símbolos de la búsqueda de la matriz original, tal vez todo aquello anterior al artificio humano. Pensado de otra manera, es allí donde, por anacoresis, se volverá a encontrar la apertura, volviendo al fondo común las diferentes figuras del ser.

 

Su trayectoria es larga, discontinua. Resulta difícil seguirle, ya que en ocasiones como el río Guadiana, ha desaparecido para volver a emerger con más caudal, con trabajos en los que la sensibilidad y el romanticismo, justifican las ausencias, incluso las potencian.

 

Su nombre en los inicios está ligado a Aquerreta, Baquedano, la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona: “Empecé a pintar a mi aire con influencias mil, tanto de la historia del arte (Giotto, surrealistas, expresionistas, abstractos, Klee…), como imaginería de la publicidad, cartelismo, que en esas cosas trabajaba yo entonces. Y mucho más…los realistas madrileños conocidos de Isabel, Antonio López, Julio López Hernández, Amalia Avia, otros más pop como Alcaín… Conocer esos mundos fue un descubrimiento”.

"Roble" (2007)

"Roble" (2007)

 

En nuestro recuerdo, una página especial en la historia de la pintura de Navarra, el trabajo en colaboración con Aquerreta sobre Mayo del 68. Momentos intensos, movidos por el resorte del cambio, del avance, de la ruptura: ”Aquello tuvo bastante repercusión a nivel popular. Un titular de un diario de la época dice que la exposición era visitada diariamente por cuatrocientas personas…”.

Y llegaron los Encuentros del 72, la gran oportunidad para constatar lo que rea la vanguardia en todos los ámbitos de la cultura, acontecimiento especialmente singular en una ciudad como Pamplona, dispuesta y desconcertada, a la larga, fascinada de haber vivido una experiencia así: “Aunque ya había viajado un poco y visto y oído distintas manifestaciones de lo que se llamaba la vanguardia, los Encuentros de Pamplona del 72 fueron una oportunidad para tener una visión bastante amplia, lo que se venía haciendo a nivel internacional. Una sobredosis”.

"Dedis", 1971

"Dedis", 1971

 

Tras esta etapa más social, se inicia en esencia y con los requiebros propios de un discurso estético largo y fundamentado, la base del trabajo de Osés, el acercamiento a la naturaleza, el maridaje leal que en él surge de una forma vocacional y casual: “Cayó en mis manos el relato de un montañero, un tipo curioso y aventurero, que me dio pie a iniciar una serie de imágenes sobre la montaña…”.

Tras esto, un surco de ausencias y presencias, compaginando la pintura con otro aspecto de la creación poco prodigado en nuestra Comunidad y en su caso, muy ligado a la estética del pop su abundante y siempre interesante desarrollo del cómic, realizando ilustraciones para revistas como Disco-Exprés, El Víbora, Makoki, así como ilustraciones de libros y asimismo sus exposiciones, siempre carentes de artificio, en la Galería Amadís, Estampa, Mixtos de Ciudadela, en el Museo Gustavo de Maeztu, en la casa de cultura de Cizur Mayor donde sus trabajos nos dejaron sobrecogidos en un atardecer gozoso a Juan Manuel Bonet y a mí. Poco después, la exposición Silencios, permitió sentir la intensidad de su creación, siempre discreto, nunca indiferente, obras maduras y serenas, forjadas desde la lateralidad, ajenas a casi todo, excepto al sentimiento puro de entendimiento con la naturaleza.

"Pasándalo bien" (1976)

"Pasándalo bien" (1976)

 

Y es que el paisaje impregna toda su producción, en él observamos dos dimensiones intrínsecas relacionadas, la física, esto es, material y convincentemente objetiva, y una dimensión más cultural y por tanto subjetiva.

Lo cierto es que cada elemento plasmado por Osés en sus trabajos, ya sea fragmento, una montaña, un árbol, presentan una realidad, una espacialidad y una temporalidad objetivas, propias e independientes de la mirada del buen observador. Pero tenemos que tener en cuenta que, una vez percibidos por cualquier individuo, una vez codificados mediante el sinfín de filtros tanto personales como culturales, esos elementos paisajísticos expresados, adquieren significados y valores, es más, no dudo de que en su caso, alcanzan un contenido simbólico.

Simbólico y también místico, espiritual, los paisajes de Osés están comprometidos vitalmente con la naturaleza, con la tranquilidad, con el equilibrio ecológico, con la búsqueda de la sostenibilidad, del respeto con el medio. Yo considero que sus paisajes pueden interpretarse como un dinámico código de símbolos que nos hablan de la cultura de su pasado, de su presente y también de su futuro.

"Jugando" (1982)

"Jugando" (1982)

 

De ahí que el estudio de Pedro Osés es su entorno y su horizonte, se me antoja que puede estar en Larrasoaña o en la cima de una montaña. Osés no tiene ataduras, sí sin embargo, retos y empeños, como su compromiso activo y concienciado en alertar del peligro de los alimentos transgénicos.

Siempre encuentro en este gran artista, el empeño de llegar a alcanzar esas cumbres nítidas, limpias, en las que el cielo se funde con la tierra en un abrazo sencillamente natural. No puedo dejar de recordar cada vez que me enfrento a la contemplación de sus bellos trabajos  aquello que Tolstoi confesaba en sus Diarios: “El cumplimiento de la ley de la naturaleza, eso es la sabiduría, la fuerza, la vida. Y el cumplimiento de esta ley no tiene ni sonido ni olor. Es lo que debe ser cuando es sencillo, discreto, sin esfuerzo; entonces es poderoso.”

Camino Paredes

David Rodríguez, el empuje vital del orden

Estamos siguiendo con gran interés la trayectoria artística y profesional de David Rodriguez Caballero, nos congratulamos del éxito y del buen hacer de este creador ligado estrechamente a Navarra, sus últimas exposiciones abalan su dedicación y buen hacer, es por esto que a continuación en este Blog ELOGIO DE LA PINTURA, publicamos este texto que escribimos para el Diario de Navarra, un pequeño elogio a David Rodriguez con el deseo de que continue brindándonos buenos momentos estéticos.

David Rodríguez, el empuje vital del orden.

Será tal vez porque la mentalidad que describe con auténtica nobleza, bella, suave y límpidamente, es la mentalidad del hombre cosmopolita que ha visto pueblos y ciudades, del hombre que sabe discernir que allí dondequiera que se halle la más oscura de las cosas estará también la más pura, diáfana e impoluta, que en ocasiones, nos hallamos ante materializaciones artísticas, perfiles humanos y profesionales, que nos seducen, no por el exceso, sino por la parquedad, por la limpieza, el control, la contención y la simplicidad.

David Rodríguez Caballero en apenas una década ha tenido un itinerario profesional denso, interferido por aquellos lugares en los que ha desplegado su aprendizaje y desarrollo. Este joven creador navarro, posee las referencias de su conexión con las facultades de Bellas Artes de Bilbao, Complutense de Madrid, sus colaboraciones en el Museo Guggenheim vasco, el IVAM de Valencia, su estancia de dos años en Nueva York, su asentamiento en Madrid, y esas visitas esporádicas a Navarra, que le hacen no perder la ligazón con el arte local, con su ciudad, con esos amigos que asisten con mirada respetuosa, al discurrir de una trayectoria profesional basada en la constante experimentación, búsqueda certera de una obra sometida al orden y a la belleza sutil.

Madrid es su enclave, junto a los jardines de El Retiro ha tenido hasta hace poco su estudio, allí imperaba la armonía de la monocromía, blancura, orden, luz invasiva, que reafirmaba la pulcritud de sus trabajos, los materializados y aquellos que estaban en proceso, formas geométricas de papel de estraza que rompían la monotonía de la pared que observaba la levedad de las piezas acabadas.

Ahora este estudio es su casa, y David ha dado un salto cuantitativo, ha desplegado alas, ha ensanchado el espacio y se ha trasladado a la periferia madrileña, buscando espacio para ampliar la escala de sus trabajos, desde la nave de El Cañal, David prepara grandes proyectos, futuras acciones en Madrid y Nueva York que nos irán descubriendo las ilimitadas posibilidades de su trabajo, de su ambición creativa, siempre palpitante, en una continua ilusión que nunca decae, porque su temperamento movido por un dulce pero contundente empuje, hacen que los sueños en él se hagan realidades: “He diseñado con un arquitecto mi estudio a medida, pensando en el proceso de mi trabajo, un espacio pensado para facilitar el desarrollo de todos los estados que entran en la elaboración de una obra, desde el de la génesis hasta el de la ejecución”.

La obra de David Rodríguez es inusual en el espacio pictórico actual, su virtualidad no le resta presencia ni esencia, la levedad de estas materializaciones no está reñida con la presencia del trabajo manual, eso si, desde la depuración máxima, casi desde la ausencia, una mirada permanentemente pictórica, que no obstante le ha permitido indagar en los materiales desde la epidermis de los mismos: “Mi pintura es una pintura de la apariencia, que parece una cosa pero que, además de eso, es todo lo contrario. A simple vista, con un primer golpe de vista, existen muy pocos elementos formales, es muy depurada. Pero según pasa el tiempo de contemplación, se descubren matices. Es una especie de  pintura de la investigación, tanto a nivel de creación como a nivel de percepción”.

La atmósfera de los trabajos de David Rodríguez, no es posible desde mi punto de vista, sin la concepción que tiene de una acrisolada sensibilidad poética, en el transfondo de su ausencia, de ese aparente descreer de la eliminación voluntaria, lo que venimos a encontrar insinuado pero palpable y a la vez audible, es nada menos que la vida.

La variedad de los soportes, esos en los que continuamente indaga despojándolos del contenido industrial o meramente decorativo, le permiten brindarnos atmósferas de sugestión diversificada: “El soporte, que viene determinado siempre por un material, es un elemento fundamental que no solo forma parte de la obra sino que es el protagonista. No es simplemente un soporte sobre el cual deposito algo, sino que entra en juego como un elemento formal más de primer rango. Sería más correcto que hablar de series, hablar de familias o grupos, de agrupaciones.

 Estas cinco líneas que por el momento he desarrollado son cinco formas de pintar a través del material, que  corresponden a un orden cronológico. Comencé a trabajar con los metacrilatos en el 98, fue el comienzo de la primera vía, ocurrió en Nueva York. De ahí pasé al aluminio, del aluminio al papel, para hacer los origamis movido por la inquietud de doblar y dotar de tri dimensionalidad al propio metal, y del papel a los esmaltes para después llegar a los vinilos…”

Línea recta y precisa, concisión y convicción, madurez y resonancia, David Rodríguez nos cautiva con su esmerado trabajo, de la renuncia a la espiritualidad, que grande sería contemplar en el silencio de un espacio monumental el silencio de su obra pulida.

Pero hay mucho más, David indaga, se adentra en las cualidades ocultas de los materiales, acetatos, jardines cerámicos, ahora también diseño de joyas, todo un proceso de continua exploración animado por su empuje siempre fino y una mirada pictórica constante, que van teniendo como resultado la optimización de la individualidad.

David Rodríguez trabaja desde hace un tiempo con Marlborough Gallery, recientes son sus exposiciones en Madrid y Barcelona, sus obras ya están de forma permanente en museos de arte contemporáneo y algunas buenas colecciones, los proyectos son un estimulo insistente en su vida, estoy segura de que David seguirá cautivándonos con su orden y el lúcido sentido de la apropiación que posee a la hora de llegar a la culminación de su deseo.

Camino Paredes Giraldo