A propósito de la exposición “Cinco claves de la pintura Navarra”: Koldo Sebastian.

EL ARTISTA EN SU HÁBITAT (II)

Koldo Sebastián, la tensión del equilibrio

- Camino Paredes, ex directora general de Cultura, ex directora del Museo de Navarra y experta en arte, continúa la serie en la que descubre, dentro de los estudios donde trabajan, las intenciones y los pensamientos de los artistas navarros más destacados.

- Koldo Sebastián ha convertido su estudio en punto de encuentro, en lugar de reflexión, de diálogo y de amistad

Lunes, 22 de diciembre de 2008 – 04:00 h.

KOLDO Sebastián lleva transitando por este mundo del arte navarro desde hace ya dos décadas, y quienes le conocemos sabemos que lo ha hecho con la disciplina férrea de un convencido y la generosidad infinita de un corazón bondadoso, siempre dispuesto a entregarse, nunca escatimando ni sensibilidad ni auténticos deseos de aprender.

A lo largo de estos años, su incansable tenacidad le ha permitido construir una obra tan sólida como impecable y, sin embargo, pese a lo iniciático de su trabajo, Koldo Sebastián en ningún momento se ha distanciado de nada, y mucho menos de las personas.

Koldo comparte estudio con otros dos interesantes artistas navarros a los que nos acercaremos en otro momento. Su estudio ha sido y es lugar de encuentro en las cercanías de la plaza de San Francisco de nuestra ciudad. Es un lugar de reflexión, de diálogo, de amistad, desde el que se lanzan llamadas de proximidad para no dejar de sentir que las tardes de contacto estrecho, perduran en la memoria. Pero además, allí Koldo se refugia, busca silencios y en la tenue luz de su rincón, habla con la materia mientras siente el placer de limpiar con detenimiento y delicadeza sus pinceles, presos del orden que Koldo impone a todo aquello que es una extensión de sí mismo.

Tensado por el equilibrio, Koldo Sebastián comparte su trabajo creativo con una vida profesional ligada a la docencia, la investigación y la didáctica, que le aportan una densa y dúctil visión de la vida. A esto añade, su programa de educación especial para discapacitados, todo un ejemplo de aproximación e integración con un colectivo especialmente sensible. Quizás este trabajo de máxima sensibilidad, quizás el aplomo que siempre le acompaña, quizás la bondad que siempre sabe trasladar, sean claves en ese estar constantemente con los demás, de ahí que Koldo sea buen ejemplo de artista vinculado, ligado y en continua relación con los demás creadores tanto de su generación como de los más jóvenes (ahí queda su huella en su efímero pero esencial paso por el Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra).


Reflexión

Tras este nuevo viraje profesional, Koldo Sebastián se encuentra sumergido en un momento de expectación, cuando no de profunda reflexión evolutiva “Sueño con que en alguna ocasión llegaré a provocar, por ejemplo, un encuentro donde sea compatible “saber” que un punto es algo que ocupa un lugar pero no tiene dimensiones con “sentir” que desde ese mismo punto, que contiene en esencia todas las líneas posibles, pueden trazarse algunas que dibujarán el perfil inefable de lo que no se puede describir. Esa búsqueda es mi principal empeño aún sabiendo que se escapa de mis posibilidades de alcance y que habré de conformarme con estar cada vez algo más cerca”. Ciertamente Koldo ha realizado en pocos años un largo y depurado viaje, un recorrido de la aspiración a la realización. “Desde mis inicios, cuando era una persona que simplemente dibujaba o pintaba, mis trabajos y divertimentos gráficos tenían una evidente querencia por el orden y los ritmos y ya de niño disfrutaba reproduciendo e inventando grecas y cenefas que mi madre me encargaba para sus labores de punto. Poco a poco y sin que tenga muy clara la razón, fui aumentando mi curiosidad por la composición y la estructura de lo que hacía, hasta que empecé a tener claro mi interés por la geometría y sus posibilidades expresivas. Siempre me ha parecido muy sugerente el potencial creativo de las formas básicas y las relaciones que entre ellas se pueden establecer gracias a esa maravilla de la abstracción que denominamos número, y creo que eso ha sido determinante a la hora de enfocar mi desarrollo creativo dentro del lenguaje abstracto. Por eso creo poder afirmar que mi producción plástica tiene una de sus bases en la no representación y en la mensurabilidad consustanciales a la geometría”. En este proceso, se ha producido la gran transformación, que se acusa y se materializa en la firmeza de su sentir, donde queda patente la diferencia “que existe entre “la persona que pinta” que fui y el “pintor” que considero que soy”.

Ese del que hemos podido disfrutar en sus creaciones escuetas, tan orientales, tan abiertas, nebulosas donde se reducen el negro, el blanco y el gris sobre la base de papel japonés, siempre artesanal que aporta a sus trabajos el logro de la pieza articulada y profunda. Toda la obra de Koldo Sebastián es un desarrollo, fragmentado en colecciones que se entrecruzan, se alimentan y avanzan, Grecia, China, Japón, vivencias personales e intelectuales que se fusionan para darnos al pintor que ya es.

Últimas series

Porque Koldo Sebastián se encuentra a sí mismo y se reconoce en las últimas series expuestas en Pamplona. “Con Whasi intenté desarrollar conceptos de pureza e iluminación a través de la intervención en papeles genuinamente japoneses y cuyo valor simbólico se centra precisamente en esos conceptos. Mediante Sangaku trabajé sobre un código de agradecimiento propio al país nipón y que guarda relación con los problemas matemáticos. En ambos casos incorporé por primera vez la línea curva, el círculo y la esfera, elementos que simbolizan lo espiritual, lo infinito, lo sagrado.y que pretenden remitir, en definitiva, a la idea de trascendencia. Con Caligometrías (posiblemente el trabajo con más líneas de desarrollo, entre ellas la construcción de volúmenes) estoy trabajando sobre la génesis del ángulo perfecto”.


Este último reto, con sus grandes dificultades, incluso con problemas de ejecución añadidos, afirman la solidez del trabajo de Koldo Sebastián, siempre oscilante entre el análisis y la incógnita, el rigor y la sorpresa. Pero también, a través de esta versátil obra, estamos siendo testigos de la afirmación de su construcción personal, evidente en los resultados que nos proporciona, en sus silencios y en su elocuencia, la misma que nos lleva a escucharle siempre seguros del impacto emocional de sus palabras. “Parto de la base de que el arte adquiere su sentido fundamental cuando es capaz de generar una experiencia, experiencia estética, que supone una conmoción que hace que quien la vive “siente” la vinculación a un mundo del que es parte gracias al impacto de un complejo estimular con el que amplia la conciencia de sí mismo. Podría decirse que una experiencia nos revela rasgos fundamentales de la identidad que nos sostiene, y a la vez, nos descubre posibilidades desconocidas que también anidan en nosotros”.

A PROPÓSITO DE LA EXPOSICIÓN “CINCO CLAVES DE LA PINTURA NAVARRA”: FLORENCIO ALONSO.

EL ARTISTA EN SU HÁBITAT (IV) CAMINO PAREDES

Florencio Alonso, situarse en la periferia

- Camino Paredes, experta en arte, ex directora general de Cultura y ex directora del Museo de Navarra, sigue indagando en la obra y las circunstancias de los pintores navarros más relevantes. En esta ocasión, habla del estellés Florencio Alonso Sevilla

Viernes, 27 de febrero de 2009 – 04:00 h.

LA distancia física y espiritual en ocasiones permite tener una visión mucho más próxima y certera de las cosas que el deambular chirriante entre ese centro activo y mordaz que es la competición de la vida.

Florencio Alonso ha preferido seguir alejado, sin esconderse, apartado sin dejar de participar, en un movimiento lento pero nunca pasivo, viviendo la belleza apacible de su ciudad, Estella, anclada en la grata nostalgia de sus bellos monumentos, reposada en el suave sonido del agua que fluye y la atraviesa, como las líneas que se curvan en las pinturas de este recoleto artista.

Alonso tiene su estudio en un punto de inflexión de otra sinuosa línea, el Camino de Santiago. Desde él, observa el eterno transitar de los peregrinos, siempre distintos en un fluir reiterado y con el mismo rostro, pasado y presente, en un choque de energías que impulsan sus ganas de crear algo novedoso desde la sombra de las piedras de la vieja historia. Su estudio, blanco, nítido, acoge los trabajos realizados de pequeño formato, todos vueltos hacia la pared, en un gesto de pudor y timidez que acompañan a Florencio incluso en sus paseos solitarios por Los Llanos. Soledad necesaria, buscada, propiciada por la defensa de su recoleto patio presidido por un peral, atrincherado y defendido por los muros imponentes del Convento de Santo Domingo y los vestigios de los Castillos. “Sé que no es necesario alejarse para observar los acontecimientos más complejos, o lo que es lo mismo, los más sencillos. En este sentido, el lugar del hábitat en sí mismo no me parece determinante, pero sí la forma de observarlo”.

Reflexión estética

Soledad sobre la que se asienta su intensa reflexión estética, su observación y su amor a la pintura, que “siempre ha sido sinónimo de interrogación, se trata del instrumento perfecto para construir preguntas; pero de la misma forma, pienso en la idea de la belleza: ésta se mueve en un parámetro inestable, a capricho entre lo familiar y desconocido; lo luminoso y lo tenebroso, estableciendo el mecanismo del juego para la intervención en la obra. La pintura es una forma de identidad e indagación, y me preocupa la evocación de la invisibilidad a la que tan a menudo recurro cuando hablo de mi trabajo. La invisibilidad está implícita en toda la pintura, desde la prehistoria a nuestros días: pintar para visualizar la otra cara de las cosas, lo que no se ve a simple vista y está ahí.El resultado puede ser estéticamente bello o incluso feo o desagradable, pero lo substancial está en la propia interrogación, en el énfasis que se deja insinuar”.

Florencio Alonso compatibiliza este trabajo de reflexión y creación estética con las clases de pintura que imparte desde hace años en las aulas promovidas por el Ayuntamiento de la ciudad. Este contacto diario, cercano y dialogante con los alumnos abre surcos en su introspección, impidiendo el distanciamiento total, convirtiéndolo sólo en aparente. Esta tensión preside su trabajo. “La necesidad de alejamiento a la hora de trabajar es una constante en mi obra y se nota en cada etapa que he abierto”. El alejamiento creativo se complementa con el contacto episódico, la ligazón con la Galería de Moisés Pérez de Albéniz, sus presencias en ARCO, en colecciones como las de la Caixa, la Digital & Video Art Fair, DIVA, y en abundantes muestras colectivas e individuales, las más recientes en el Museo de Navarra, la Galería Pérez de Albéniz o el Museo Gustavo de Maeztu, dan testimonio de su vocación participativa y de su diálogo continuo con el mercado.

La pintura de Florencio Alonso es laberíntica, escueta, simplificada al máximo, tecnológica. “Siempre parto de un concepto que me sirve de vehículo para ponerme en marcha hacia el proceso de la obra, aunque con ello no descarte la necesidad de crear una zona de riesgo, de caída si es necesario, como si de un juguete peligroso se tratara”. Y se le nota que la sensación de riesgo, incluso el vértigo de la incertidumbre, el temor a que se le descubra antes de tiempo, le llevan a guardar celosamente las últimas producciones. Están escondida+s, imposibles de contemplar mientras los tanteos no sean seguridades. Por ello, no puedo tener acceso al trabajo actual, Florencio Alonso está en plana exploración y teme que la luz de la visión de los demás malogre el impulso que le mueve. No es inseguridad, es dignidad. Queda respetada, pronto conoceremos el resultado de esta dura lucha por dar pasos adelante.


Desde la pintura

Conozco su trabajo y lo he seguido de cerca desde hace más de dos décadas. Sus impulsos han sido firmes, contundentes, se ha ido despojando ascéticamente, buscando una transparencia musical, las conexiones de identidad con otras disciplinas son evidentes. “La pintura me ha llevado de la mano hacia la música, la poesía, la filosofía, como un eslabón de una misma cadena, arrastrándome como si fuesen compañeras inseparables en el viaje: Bach es algo sobrenatural caído sobre el planeta, el minimalismo en el XVII; empecé a sentirme acompañado al descubrir a Schopenhauer, al ver caer de un árbol una semilla en forma de hélice; la erudición de Nietzsche, como filósofo y no menos despreciable como novelista o ensayista”. Esta limpieza, el deseo de llegar a una esencia depurada y casi mística, ya se advertía en un trabajo muy espiritual que realizó sobre Los Crismones, una serie de piezas con técnicas diferentes, que dejaban ver la lisura de su intención.

Mas tarde, y en un peregrinar hacia el reduccionismo, fueron llegando sus trabajos postminimalistas, en los que el color brillante, la concentración de las formas, la amplitud de los espacios vacíos, la esencialidad, presidían el horizonte de las composiciones, todas de belleza enjaulada. Como dijo Rosa Martínez de Lahidalga, “trabaja con composiciones sencillas y repetitivas, pero que ha insistido mucho sobre el distanciamiento, sobre la sensación de intemporalidad y de superficie helada que le proporciona el uso de materiales sintéticos como las láminas de metacrilato o los colores metalizados. Combina ese esencialismo y esa frialdad por momentos casi industrial de la ejecución a base de emulsiones metalizadas, con un universo de formas de procedencia orgánica, biomórfica”.

En sus últimas exposiciones, hemos llegado a un artista cuya abstracción se depura, se retuerce y se limpia, recupera la intensidad de la pintura, aunque en su base siempre está el juego de la tecnología, alcanzando en todos sus formatos, el vacío, el laberinto que se corta, que nace y se trunca en los bordes de la superficie que los acoge. Florencio se cuelga como lo hace Leger, en un conglomerado de formas interrumpidas, pero aquí no hay vida, no hay latido, solo atmósfera y silencio, “la curiosidad de niño, al observar la desnudez de las estructuras de edificios en construcción; un ámbito de provisionalidad, desolado, sin paredes ni suelo y escaleras perdiéndose en el vacío”. Juan Manuel Bonet,que estima su trabajo, al incluirlo en la exposición Silencios, 22 Pintores Navarros, dice que Alonso no rehuye la tentación de lo fragmentario. Yo diría que Alonso, desde su distanciamiento, se enfrenta con valentía al riesgo, a la ironía de crear un artificio como es la obra artística, desde la máxima simplificación, o lo que es lo mismo, queriendo prescindir de lo prescindible. Tarea quimérica que tal vez logre alcanzar.

A PROPÓSITO DE LA EXPOSICIÓN “CINCO CLAVES DE LA PINTURA NAVARRA”: JOSÉ IGNACIO AGORRETA.

EL ARTISTA EN SU HÁBITAT (VIII) CAMINO PAREDES
Agorreta, la reivindicación del silencio
- Camino Paredes, ex directora general de Cultura y experta en arte, retoma la serie de reportajes en los que se adentra en el trabajo diario de los mejores pintores navarros. En esta ocasión indaga en la obra de José Ignacio Agorreta (Pamplona, 1963)
Lunes, 28 de septiembre de 2009 – 04:00 h.
EN ocasiones, hay ausencias que acentúan sin pretenderlo todo aquello que la intención subraya. No obstante, de las ausencias se obtiene fortaleza y por qué no, confirmación y contundencia. Agorreta es un pintor de silencios, de ausencias, de renuncias y de empeño.
Sorprende en él su locuacidad y la parquedad que emana de cada pieza pictórica por él concebida. Contrasta el estatismo inmutable en el que se ven atrapados los elementos constructivos que protagonizan sus producciones y el movimiento vitalista que impone. tanto a sus ritmos de conversación como a su mirada en continua tensión observadora, conmueve la desconcertante atmosfera atemporal en la que se ven atrapados sus motivos, apenas visionados, apenas fortalecidos en una agónica pérdida de reminiscencia actual, colisionando con la historia de su determinación, de su gran voluntad pictórica. Ésta le ha acompañado siempre: “Desde niño encontré en el dibujo y los colores una satisfacción que ninguna otra actividad me proporcionaba. Siempre ha seguido siendo así, en ninguna etapa de mi vida me he alejado de los pinceles y guardo en mi memoria la imagen de muchos de los cuadros infantiles, por lo que ahora deduzco con qué pasión tuve que entregarme a ellos, para que tantísimos años después cierre los ojos y los vea perfectamente. Por todo esto mi relación con la pintura ha sido natural, no ha sido una actividad a la que me haya acercado con curiosidad, ni ha sido una actividad intelectual que haya satisfecho. No. Siempre ha estado ahí, no hay una vida anterior a empezar a dibujar”.
Completa dedicación
Tal vez por eso, la dedicación de José Ignacio al arte ha sido y es plena, completa. Instalado en su estudio de Barañain, con la minuciosidad del alquimista da forma a lo que sus recónditos planteamientos le sugieren, haciendo ciertas estas aseveraciones de Félix de Azúa que a él tanto le identifican, su mirada: “No puede ver lo universal, sólo lo particular; es ciego para lo que de general pueda haber en lo particular, porque de lo particular sólo ve lo singular. Pero incluso de lo singular ha de verlo desde una individualidad única, original e irrepetible”.
De ahí que en su estudio sólo encontramos un espacio de esencialidades, limpieza, orden, luz, claridad, recogimiento, siendo un lugar que aísla, que recoge, introspectivo. Nada del exterior parece penetrar cuando cierra la puerta salvo la luz intensa que se filtra imperiosa por el lucernario superior. Su estudio es un lugar para la concentración y el trabajo en soledad.
En ese aparente aislamiento, Agorreta ha ido construyendo una gama de trabajos en los que los ojos ven lo que están habituados a ver. La mirada interior, aquella que percibe lo que imagina ver. ¿Qué es real, qué soñado, qué rememorado? Agorreta nos da enigmas, nosotros debemos descifrarlos o simplemente persuadirnos de que la pintura es una ventana abierta al mar interior que nos recrea el alma.
Agorreta ha evolucionado con cierta rapidez, de sus primeras obras expresivas como fogonazos rasgados y musicales a las obras actuales, minuciosamente concebidas, exigentemente elaboradas, que dejan entrever la intensidad por ser ligeramente enigmáticas hay una distancia radical. Contemplar sus trabajos con detenimiento no nos detrae de sentir el aire dramático que susurran en la levedad pretendida de su técnica de superposición que, añade y elimina en un meticuloso proceso aparentemente imperceptible. En ellas, el abandono, la soledad, la nostalgia, lo deshabitado, todo lo distraído de la aparente realidad, perfilan el boceto de un ritual permanente y estancado, alguna vez, sometido al albur de ser invariable en su estatismo lejano, lo que singulariza y evoca.
Asombro
De todo este abandono, fábricas huidas, rincones de herrumbre, elementos corroídos, farolas sin luz, de todo ello, probablemente junto a la impresión de desamparo nos llega un principio de asombro: “Soy lo que pinto y pinto lo que soy. Por lo cual, supongo que de una manera inconsciente todas las exposiciones que veo, las lecturas, las películas, las conversaciones que mantengo.todo afecta a las decisiones que, finalmente, tomo en un cuadro. Yo no reconozco una influencia inmediata de nadie, no porque reniegue de ellas, todos tenemos algo de otros y sería de una prepotencia ingenua pretender lo contrario, sino porque no alcanzo a identificarlas”.
Considero que lo cierto es que la introspección, el mirar hacia adentro, son los signos que conforman su lenguaje vital y estético, presencias que son de recorrido cadencioso, marcan su cuaderno de viaje, desde Pavese, los escritores de relatos cortos norteamericanos, Cheever, Carver, Ford, Munro, pasando por Miles Davis o Ry Cooder, Giacometti, Vermeer, Kiefer, Goya, Morandi, Rothko o Fray Angélico y Tápies. Todos estos registros miden su presencia en el mundo, y fruto de ello, su obra pictórica, distraída, deambulando entre las soledades de su estado natural: “Mis cuadros son una prolongación de mí mismo y, por lo tanto, hablan de mí”.
Tanta soledad, tanto desalojo, no impiden probablemente por la textura de sus atmósferas y la calidez de su cromatismo, que cuando contemplamos sus trabajos, sintamos el calor de la acogida, el bienestar de la soledad buscada, deseada, el sabor dulce de una pintura que no agrede, que no chirría, porque es la consecuencia lógica que depara la ausencia de ruido, el aislamiento que no se ve perturbado, toda una reivindicación en definitiva del silencio..