David Rodríguez, el empuje vital del orden

Estamos siguiendo con gran interés la trayectoria artística y profesional de David Rodriguez Caballero, nos congratulamos del éxito y del buen hacer de este creador ligado estrechamente a Navarra, sus últimas exposiciones abalan su dedicación y buen hacer, es por esto que a continuación en este Blog ELOGIO DE LA PINTURA, publicamos este texto que escribimos para el Diario de Navarra, un pequeño elogio a David Rodriguez con el deseo de que continue brindándonos buenos momentos estéticos.

David Rodríguez, el empuje vital del orden.

Será tal vez porque la mentalidad que describe con auténtica nobleza, bella, suave y límpidamente, es la mentalidad del hombre cosmopolita que ha visto pueblos y ciudades, del hombre que sabe discernir que allí dondequiera que se halle la más oscura de las cosas estará también la más pura, diáfana e impoluta, que en ocasiones, nos hallamos ante materializaciones artísticas, perfiles humanos y profesionales, que nos seducen, no por el exceso, sino por la parquedad, por la limpieza, el control, la contención y la simplicidad.

David Rodríguez Caballero en apenas una década ha tenido un itinerario profesional denso, interferido por aquellos lugares en los que ha desplegado su aprendizaje y desarrollo. Este joven creador navarro, posee las referencias de su conexión con las facultades de Bellas Artes de Bilbao, Complutense de Madrid, sus colaboraciones en el Museo Guggenheim vasco, el IVAM de Valencia, su estancia de dos años en Nueva York, su asentamiento en Madrid, y esas visitas esporádicas a Navarra, que le hacen no perder la ligazón con el arte local, con su ciudad, con esos amigos que asisten con mirada respetuosa, al discurrir de una trayectoria profesional basada en la constante experimentación, búsqueda certera de una obra sometida al orden y a la belleza sutil.

Madrid es su enclave, junto a los jardines de El Retiro ha tenido hasta hace poco su estudio, allí imperaba la armonía de la monocromía, blancura, orden, luz invasiva, que reafirmaba la pulcritud de sus trabajos, los materializados y aquellos que estaban en proceso, formas geométricas de papel de estraza que rompían la monotonía de la pared que observaba la levedad de las piezas acabadas.

Ahora este estudio es su casa, y David ha dado un salto cuantitativo, ha desplegado alas, ha ensanchado el espacio y se ha trasladado a la periferia madrileña, buscando espacio para ampliar la escala de sus trabajos, desde la nave de El Cañal, David prepara grandes proyectos, futuras acciones en Madrid y Nueva York que nos irán descubriendo las ilimitadas posibilidades de su trabajo, de su ambición creativa, siempre palpitante, en una continua ilusión que nunca decae, porque su temperamento movido por un dulce pero contundente empuje, hacen que los sueños en él se hagan realidades: “He diseñado con un arquitecto mi estudio a medida, pensando en el proceso de mi trabajo, un espacio pensado para facilitar el desarrollo de todos los estados que entran en la elaboración de una obra, desde el de la génesis hasta el de la ejecución”.

La obra de David Rodríguez es inusual en el espacio pictórico actual, su virtualidad no le resta presencia ni esencia, la levedad de estas materializaciones no está reñida con la presencia del trabajo manual, eso si, desde la depuración máxima, casi desde la ausencia, una mirada permanentemente pictórica, que no obstante le ha permitido indagar en los materiales desde la epidermis de los mismos: “Mi pintura es una pintura de la apariencia, que parece una cosa pero que, además de eso, es todo lo contrario. A simple vista, con un primer golpe de vista, existen muy pocos elementos formales, es muy depurada. Pero según pasa el tiempo de contemplación, se descubren matices. Es una especie de  pintura de la investigación, tanto a nivel de creación como a nivel de percepción”.

La atmósfera de los trabajos de David Rodríguez, no es posible desde mi punto de vista, sin la concepción que tiene de una acrisolada sensibilidad poética, en el transfondo de su ausencia, de ese aparente descreer de la eliminación voluntaria, lo que venimos a encontrar insinuado pero palpable y a la vez audible, es nada menos que la vida.

La variedad de los soportes, esos en los que continuamente indaga despojándolos del contenido industrial o meramente decorativo, le permiten brindarnos atmósferas de sugestión diversificada: “El soporte, que viene determinado siempre por un material, es un elemento fundamental que no solo forma parte de la obra sino que es el protagonista. No es simplemente un soporte sobre el cual deposito algo, sino que entra en juego como un elemento formal más de primer rango. Sería más correcto que hablar de series, hablar de familias o grupos, de agrupaciones.

 Estas cinco líneas que por el momento he desarrollado son cinco formas de pintar a través del material, que  corresponden a un orden cronológico. Comencé a trabajar con los metacrilatos en el 98, fue el comienzo de la primera vía, ocurrió en Nueva York. De ahí pasé al aluminio, del aluminio al papel, para hacer los origamis movido por la inquietud de doblar y dotar de tri dimensionalidad al propio metal, y del papel a los esmaltes para después llegar a los vinilos…”

Línea recta y precisa, concisión y convicción, madurez y resonancia, David Rodríguez nos cautiva con su esmerado trabajo, de la renuncia a la espiritualidad, que grande sería contemplar en el silencio de un espacio monumental el silencio de su obra pulida.

Pero hay mucho más, David indaga, se adentra en las cualidades ocultas de los materiales, acetatos, jardines cerámicos, ahora también diseño de joyas, todo un proceso de continua exploración animado por su empuje siempre fino y una mirada pictórica constante, que van teniendo como resultado la optimización de la individualidad.

David Rodríguez trabaja desde hace un tiempo con Marlborough Gallery, recientes son sus exposiciones en Madrid y Barcelona, sus obras ya están de forma permanente en museos de arte contemporáneo y algunas buenas colecciones, los proyectos son un estimulo insistente en su vida, estoy segura de que David seguirá cautivándonos con su orden y el lúcido sentido de la apropiación que posee a la hora de llegar a la culminación de su deseo.

Camino Paredes Giraldo

Sam Francis, a propósito de su catálogo razonado

Muchas son las visitas que a lo largo de los años he realizado al Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofia de Madrid, muchas han sido las aventuras estéticas que me ha prodigado, pero creo que ninguna me ha impactado tanto como la exposición que pude contemplar en el año 2000, del artista americano SAN FRANCIS.

Sus obras de gran formato, parecian inundar las amplias salas del Reina, fue como penetrar en un auténtico lugar mágico, en el que el color, intenso, arriesgado e infinito se apoderaba de ti. Fue una experiencia estética imborrable. Quién dice que el ARTE es un lujo?, ¿Quién puede afirmar que el conocimiento y la comprensión de la pintura es superfluo cuando no innecesario?

La historia de Sam Francis es un gran ejemplo de lo que el arte puede hacer con la vida de una persona.

Nació en San Mateo, California, y estudió botánica, medicina y psicología en la Universidad de California, Berkeley de 1941 a 1943. Sirvió en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial (1943-1945) antes de resultar herido en un accidente de aviación. Estuvo en el hospital durante varios años, y fue mientras estaba allí cuando empezó a pintar, a instancias de su amigo David Parks, profesor de la escuela de Bellas Artes de San Francisco.

Fue precisamente ese hecho el que marcó toda la trayectoria posterior de Francis: durante un vuelo de entrenamiento su avión acabó estrellándose. El futuro pintor sobrevivió al accidente, pero tuvo que pasar los siguientes cuatro años ingresado en un hospital para recuperarse de sus lesiones y de otras complicaciones de salud derivadas de ellas. Fue entonces cuando Sam Francis comenzó a practicar la pintura como entretenimiento, sobre todola acuarela. Cuandorecibió el alta, en 1948, decidió continuar sus estudios universitarios, pero ahora dedicados al arte, concluyéndolos en 1950.

Una vez fuera del hospital volvió a Berkeley, esta vez para estudiar arte. Sus estudios de pintura e historia del arte le llevaron desde el año 1948 al 1950.

Atrapado ya por la pintura, Francis se trasladó a Europa para instalarse en París, ciudad en la que residió durante unos años y en donde realizó su primera exposición en 1952. Desde entonces, en los siguientes cuarenta años, el artista ya no abandonaría jamás la pintura, empleando diversas técnicas y practicando también el grabado. Una intensa vida que incluye cinco matrimonios (con sus correspondientes cuatro divorcios), innumerables viajes (varios de ellos a Japón, país por el que sintió una especial atracción) y residencias prolongadas en diversos lugares (Nueva York, Berna, Santa Mónica o Tokyo).

Cuando Sam Francis se inicia en la pintura, el ambiente artístico norteamericano está ya centrado en torno a los grandes maestros del expresionismo abstracto. Con esta amplia corriente podemos relacionar el conjunto de su producción, más cercana a la pintura de acción de Pollock que a los campos de color de Rothko. En todo caso, su obra pone el acento en dos cuestiones fundamentales: de un lado, el color como eje fundamental de la expresión pictórica; de otro, la absoluta libertad del artista para llevar a cabo sus composiciones.

Tanta importancia le dio Sam Francis al color y sus formas que es frecuente relacionarlo con el tachismo, una de las tendencias del informalismo europeo que pone el acento en la elaboración de una obra abstracta fundamentada en gestos de carácter informal que acaban por crear manchas (taches, en francés) sobre la superficie del lienzo. Sin embargo, los tachistas europeos practicaron con frecuencia la monocromía y, aunque Francis no rehuyó esta posibilidad, sus pinturas, salpicadas eso sí de manchas y chorreones, suelen mostrar colores vibrantes.

En cualquier caso, la obra de Sam Francis (como la de los tachistas o la de Pollock) hace una apuesta rotunda por la espontaneidad, dando absoluta prioridad al sentimiento libre sobrela razón. Pero a Francis le gustaba explorar nuevas propuestas. Por ello en algunas de sus obras encontramos ecos evidentes del minimalismo. Menos es más, como dijo Mies.

Francis resultó inicialmente influido por la obra de los expresionistas abstractos como Mark Rothko, Arshile Gorky y Clyfford Still, la pintura americana de estos años resulta fascinante para cualquiera, como no lo iba a impresionar a él, enchido de energia y de pasión por el color, Sam Francis navega por estos derroteros sin límites. Pasó los años cincuenta en París, donde celebró su primera exposición en 1952 en la Galería Nida Dausset. Estando allí se relacionó con el tachismo.

Hasta 1949 sus cuadros estaban dominados por manchas de color en forma de células, usando el óleo aclarado o la pintura acrílica. Cuando Francis estuvo en París, sus obras eran, en general, totalmente monocromas. Pero sus cuadros de madurez sueñan  ser grandes óleos con zonas salpicadas de colores brillante. «El espacio es el color»,[1] afirmó Sam Francis, reconociendo así la preponderancia del color y sus manchas (taches) en su obra. Zonas de lienzo blanco se dejan a menudo para poder verse a través de ellas, y en obras posteriores, la pintura a veces queda confinada a los bordes del lienzo, como puede verse en sus «azules» (1967-1968), surgiendo en el centro del cuadro la «forma abierta» del blanco. En sus comienzos trabajo con manchas grandes de color y chorreados luminosos de pintura oscura. Su estilo se destaca especialmente por la sintesis que logra entre lo gestual, espontaneo y la abstraccion cromatica. Su pintura siempre ha revelado una sensibilidad oriental.

Cuando en  1950 viaja a Paris,  entra en contacto con Riopelle y B. Van Velde. Primero recibe la influencia de Monet en unas telas monocromas en grises, blancos y negros. Después el ejemplo de Matisse es decisivo para su entrada en el expresionismo abstracto , donde demuestra un manejo soberbio del color y un nuevo planteamiento del espacio.

A partir de 1957 viaja frecuentemente por Asia y reside alternativamente entre San Francisco, Japon y Paris. La importancia del vacio en la concepcion espacial del arte oriental se deja sentir en su obra, en la que sus manchas de color juegan con el blanco del soporte para definir el espacio, bien manteniendose en los bordes, bien formando una poderosa cuadricula, bien estallando desordenadamente.

Aunque es mas conocido por sus pinturas, Francis tambien destaco como grabador y escultor.

 

Francis regresó a California durante los años sesenta y continuó pintando en Los Ángeles. Se le considera uno de los exponentes de la pintura de acción estadounidense. Durante las últimas tres décadas de su carrera su estilo de grandes lienzos propios del expresionismo abstracto fue relacionándose más con la pintura de los campos de color. Se le conoce sobre todo por pinturas murales de gran tamaño. Ejemplo de ello es un tríptico mural para la Kunsthalle de Basilea (1956).

 

Ha trabajado otros materiales, como la arcilla o la cerámica. Además, ha utilizado la litografía y la monotipia. Realizó múltiples exposiciones, entre otras:

Se instaló en Santa Mónica, California, en 1963. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Berkeley (1969). Hizo una visita a Japón en 1973, regresando al año siguiente a California.

 

Cuadros de San Francis pueden verse en Nueva York, tanto en el MOMA como en el Guggenheim, así como en la Tate Gallery de Londres, el Centro Pompidou de París y la Kunstahaus de Zúrich.

Van Gindertael, R., «Francis» en Diccionario Larousse de la pintura, tomo I, Editorial Planeta-De Agostini, S.A., 1987.

La Fundación que lleva su nombre acaba de publicar el Catálogo Razonado de su obra, sin duda esta es una muy buena noticia, ya que nos permitira conocer en toda su dimensión la maravillosa obra de este gran amante del arte.

Camino Paredes

Inauguración de la exposición “Gustavo de Maeztu, el triunfo del gesto heroico”

Fondos del Maeztu para hablar de héroes

El óleo Don Juan Tenorio sirve de hilo conductor para ilustrar el heroísmo en política, religión, literatura o historia.

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El Museo Gustavo de Maeztu ha querido arrancar el año con una muestra pictórica que se nutre de los fondos que la pinacoteca de Estella tienen del pintor que le da nombre y los cuales no aparecen en la exposición permanente. Esto permitirá al visitante descubrir hasta el próximo 29 de abril doce piezas menos conocidas del autor y que han sido escogidas siguiendo un criterio: aquellas que ilustran el gesto heroico en la literatura, religión, política, en el mundo de los símbolos y en la historia.

Y como hilo conductor un gran óleo que preside la sala expositiva y resume todas estas facetas del heroísmo: el Don Juan Tenorio. Pero, como indicó ayer Gregorio Díaz Ereño -director el Museo Oteiza y que acudió a la inauguración de la muestra- no se trata del personaje libertino de Zorilla. “Es el Don Juan de Unamuno, por el que Maeztu tenía gran admiración. Y se trata de un hombre ajeno ya a la presencia de la mujer, en apariencia derrotado, pero en el que aparece ese gesto heroico de la clarividencia”.

Litografías, dibujos y grabados se suceden en las dos salas habilitadas para la exposición, abierta al público de forma gratuita los días laborables de 9.30 a 13 horas y sábados, domingos y festivos de 11 a 14 horas, que también sirven para hacer un recorrido vital del pintor. Y es que en la hilera de imágenes aparecen piezas de las décadas veinte, treinta y cuarenta.

Don Juan de Borbón

Para ilustrar la heroicidad política se ha recurrido al retrato del entonces aspirante al trono español don Juan de Borbón, padre del que a la postre sería el Rey de España. El dibujo apareció el 14 de abril de 1934 en la portada de ABC, lo que suponía un doble desafío, tanto del infante que se postulaba de nuevo en un país dominado por la línea radical de los liberales, como del propio autor que comprometía su firma a una causa monárquica.

Y siguiendo con esta galería de héroes, Gregorio Díaz se detuvo en una serie dedicada a los caballos. “Para Gustavo de Maeztu fue siempre un elemento simbólico muy importante. Él representa la fuerza y la lealtad en cualquier guerra”, subrayó, para reparar también en la figura de la mujer. “Entre 1910 y 1918 aparece como la que regenera el país gracias a su fuerza física y mental. Ella está en el campo y sin pedir nada a cambio se esfuerza para que el pasado siga presente pero abierto a los cambios”.

Por su parte, la alcaldesa Begoña Ganuza (UPN), que acudió acompañada del concejal de Cultura Félix Alfaro, destacó que en un año difícil por la coyuntura actual económica y la necesidad de hacer replanteamientos el museo continúa con su trabajo. “Ahí está la web presentada recientemente y ahora se inaugura una muestra del propio Gustavo de Maeztu para redescubrir aspectos del autor”. Y también agradeció la labor de los voluntarios que permitirá los fines de semana abrir el museo.

Aniversario de su muerte

La directora de la pinacoteca, Camino Paredes, recordó que la apertura de la muestra coincidía con el aniversario de la muerte del pintor. “Hoy (ayer para el lector) hace 66 años que fallecía Gustavo de Maeztu y, aunque no ha sido algo premeditado, ahora le da aún más sentido a esta exposición porque nos permite una nueva mirada sobre la obra de Maeztu”.

Como siempre que el museo realiza una iniciativa de producción propia también cuida la ambientación de las salas. Y ayer, sobre el azul de las paredes se había puesto con letras amarillas, muy parecidas a la caligrafía de Gustavo de Maeztu, cada uno de los apartados del heroísmo. De esta manera se lograba el objetivo de la exposición que, en palabras de Camino Paredes, pretende ser un pequeño poema en imágenes, una loa detallada pero no concluyente del uso ritual de unos postulados y claves imaginarias de la aspiración del artista por dar relevancia a asuntos, personajes, y sentimientos a través de fórmulas de exaltación.

En breve, el Pinnac de la web

Para ilustrar la actividad del museo, la alcaldesa de Estella Begoña Ganuza anunció que en breve la página web de la pinacoteca incorporará el Pinnac, un catálogo virtual en el que se incluirán los pintores del panorama artístico navarro desde el último tercio del siglo XIX hasta la actualidad. “Esta iniciativa surge vinculada al conjunto de objetivos que el Museo Gustavo de Maeztu está llevando a cabo para fomentar la investigación y difusión de la creación artística de su entorno”, se anuncia desde la propia página web, que diariamente actualiza sus contenidos a través de facebook, donde tras dos semanas de andadura ya cuenta con 126 seguidores.

A propósito de la exposición “Gustavo de Maeztu, el triunfo del gesto heróico”

GUSTAVO DE MAEZTU, EL TRIUNFO DEL GESTO HERÓICO.

 

El Héroe y lo heroico.

 

En la obra pictórica de Maeztu elhéroe, la efigie del héroe, tiene siempre un componente romántico, no así en su obra literaria, donde el héroe, a la vez que libertino es, sobre todo un revolucionario, un hombre de acción que quiere transformar radicalmentela sociedad. Un héroe que no duda en usar la violencia ya que ésta, es el único reactivo válido para generar el cambio que ha deser radical. El señor Doro se enfrenta a todo y a todos con tal de cambiar el mundo en el que vive, de dotarlo de unos nuevos valores que permitan regenerar la sociedad.

 El héroe pictórico de Maeztu es más pausado, estoico, su actitud refleja más un pensamiento que una actitud. Sin embargo frente al estoicismo, filosofía fundamentalmente materialista, Gustavo aleja sus personajes dela realidad. En sus rostros no se muestra el cansancio, la fatiga del combate; tampoco el placer de la victoria, el héroe está alejado del escenario físico, piensa tal vez en lo conseguido, se aleja del suceso. Su actitud iconográficamente es tradicional, mirada al frente, brazo levantado en actitud de someter y pie asentado firmemente en el suelo conquistado.

 Es la misma actitud con que los romanos presentaban al emperador, sobre todo cuando se le efigia a caballo, avanzando sobre el pueblo derrotado y conquistado.

 El héroe le permite a la sociedad forjar, fabricar sus sueños. El héroe exalta los valores de una sociedad (sin valores no puede existir la sociedad), una encarnación de los ideales. Su condición proviene de sus acciones pero, también, de los valores que los demás le otorgan. El héroe determina la meta  de una sociedad  indicándola hacia dónde mirar  o hacia dónde poder dirigirse.

Don Juan Tenorio, obra fundamental en la producción artística de Gustavo de Maeztu y eje de esta exposición, glosa al héroe literario por antonomasia.

Hombre libertino, tiene mucho del superhombre nietzscheano gallardo, en su pensamiento hay una manera explícita de relación de superioridad pero esto es falso en el cuadro de Maeztu.

El conquistador, el libertino aquí está abatido, no muestra señal de triunfo ante sus conquistas, son ellas las que le hacen pensar, ponerle en el dilema de lo moral. El héroe libertino sigue a la naturaleza que tritura todo a su paso. Los sentimientos humanos, el amor, los valores morales, la amistad, los principios éticos no están en su pensamiento siendo la hipocresía su arma,  viviendo en el autoengaño. Ante los demás se presenta como un noble respetable, disfraz necesario para conseguir sus propósitos. Pero aquí, en este cuadro el artificio sale derrotado. Don Juan medita, no alardea, el amor sagrado y el profano le rodean, dos venus efigian las dos alternativas.

 De un héroe profundamente asocial surgirá el remordimiento y la integración, un héroe asocial dominado por un eros que a la vez nos constituye y nos destruye. Don Juan no puede vivir sin su pasión, para él es más necesario que el aire que respira, es un burlador de todas las leyes y costumbres implicados en los hábitos amorosos pero, al final, la venganza se desata sobre el burlador.

 Don Juan genera, produce acontecimientos, anhelos y pasiones.Een su vida nadie ha ganado, todos han perdido, todos han sido afectados y trastornados. Gustavo de Maeztu refleja la tragedia, doña Inés se recluirá en un convento, verdadera sepultura en vida, el desnudo, a pesar de su sensualidad, muy alejado de sus opulentas mujeres se arrastra al lado de quien no la mira.

 La sumisión del héroe literario, contrasta con aquellos  héroes maeztunianos, sus ensoñaciones , sus pasiones literarias y sus pasiones políticas, todos los héroes de Maeztu son grandiosos, humanos y distantes, están en ese mundo de sueños y compromisos que presidieron toda su vida.

Goyo Diaz-Camino Paredes