![PEDRO OSES CABECERA.1]](http://www.museogustavodemaeztu.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/PEDRO-OSES-CABECERA.1.jpg)
El trabajo pictórico de PEDRO OSÉS es sin duda una referencia de la pequeña historia de la pintura reciente de Navarra. Actualmente podemos contemplar un trabajo suyo muy interesante en la Fundación Jorge Oteiza de Alzuza, es por esta actualidad que rescatamos este artículo que se publico en Diario de Navarra.
EL ARTISTA EN SU HÁBITAT IX. PEDRO OSÉS O EL COMPROMISO CON
LA NATURALEZA.
Pedro Osés lleva muchos años buscando el camino, ese que le
ubique en el mundo exterior sin colisionar con el interior. Llegar al
conocimiento, tal vez sin intenciones de posteriores revelaciones, de la
existencia de una Arcadia habitable. De ahí que en su periplo vital y
artístico, el motivo central es el de un valle, naturaleza en plenitud que hay
que remontar, acentuado por el de una gruta en la que hay que entrar, para
alcanzar el mundo del más allá, escarceos de los símbolos de la búsqueda de la
matriz original, tal vez todo aquello anterior al artificio humano. Pensado de
otra manera, es allí donde, por anacoresis, se volverá a encontrar la apertura,
volviendo al fondo común las diferentes figuras del ser.
Su trayectoria es larga, discontinua. Resulta difícil
seguirle, ya que en ocasiones como el río Guadiana, ha desaparecido para volver
a emerger con más caudal, con trabajos en los que la sensibilidad y el
romanticismo, justifican las ausencias, incluso las potencian.
Su nombre en los inicios está ligado a Aquerreta, Baquedano,
la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona: “Empecé
a pintar a mi aire con influencias mil, tanto de la historia del arte (Giotto,
surrealistas, expresionistas, abstractos, Klee…), como imaginería de la
publicidad, cartelismo, que en esas cosas trabajaba yo entonces. Y mucho
más…los realistas madrileños conocidos de Isabel, Antonio López, Julio López
Hernández, Amalia Avia, otros más pop como Alcaín…Conocer esos mundos fue un
descubrimiento”.
![OSES1]](http://www.museogustavodemaeztu.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/OSES11.jpg)
En nuestro recuerdo, una página especial en la historia de
la pintura de Navarra, el trabajo en colaboración con Aquerreta sobre Mayo del
68. Momentos intensos, movidos por el resorte del cambio, del avance, de la ruptura:”
Aquello tuvo bastante repercusión a nivel
popular. Un titular de un diario de la época dice que la exposición era
visitada diariamente por cuatrocientas personas…”.
Y llegaron los Encuentros del 72, la gran oportunidad para
constatar lo que rea la vanguardia en todos los ámbitos de la cultura,
acontecimiento especialmente singular en una ciudad como Pamplona, dispuesta y
desconcertada, a la larga, fascinada de haber vivido una experiencia así: “Aunque ya había viajado un poco y visto y
oído distintas manifestaciones de lo que se llamaba la vanguardia, los
Encuentros de Pamplona del 72 fueron una oportunidad para tener una visión
bastante amplia, lo que se venía haciendo a nivel internacional. Una
sobredosis”.
![OSES 21]](http://www.museogustavodemaeztu.com/blog/wp-content/uploads/2012/04/OSES-21.jpg)
Tras esta etapa más social, se inicia en esencia y con los
requiebros propios de un discurso estético largo y fundamentado, la base del
trabajo de Osés, el acercamiento a la naturaleza, el maridaje leal que en él
surge de una forma vocacional y casual: “Cayó
en mis manos el relato de un montañero, un tipo curioso y aventurero, que me
dio pie a iniciar una serie de imágenes sobre la montaña…”.
Tras esto, un surco de ausencias y presencias, compaginando
la pintura con otro aspecto de la creación poco prodigado en nuestra Comunidad
y en su caso, muy ligado a la estética del “Pop”, su abundante y siempre
interesante desarrollo del “comic”, realizando ilustraciones para revistas como
Disco-Exprés, El Víbora, Makoki, así como ilustraciones de libros y asimismo
sus exposiciones, siempre carentes de artificio, en la Galería Amadís,
Estampa, Mixtos de Ciudadela, en el Museo Gustavo de Maeztu, en la casa de
cultura de Cizur Mayor donde sus trabajos nos dejaron sobrecogidos en un
atardecer gozoso a Juan Manuel Bonet y a mi. Poco
después, la exposición Silencios, permitió sentir la intensidad de su
creación, siempre discreto, nunca indiferente, obras maduras y serenas,
forjadas desde la lateralidad, ajenas a casi todo, excepto al sentimiento puro
de entendimiento con la naturaleza.
Y es que el paisaje impregna toda su producción, en el observamos dos dimensiones
intrínsecas relacionadas, la física, esto es, material y convincentemente
objetiva, y una dimensión más cultural y por tanto subjetiva.
Lo cierto es que cada elemento plasmado por Osés en sus
trabajos, ya sea fragmento, una montaña, un árbol, presentan una realidad, una
espacialidad y una temporalidad objetivas, propias e independientes de la
mirada del buen observador. Pero tenemos que tener en cuenta que, una vez
percibidos por cualquier individuo, una vez codificados mediante el sinfín de
filtros tanto personales como culturales, esos elementos paisajísticos
expresados, adquieren significados y valores, es más, no dudo de que en su
caso, alcanzan un contenido simbólico.
Simbólico y también místico, espiritual, los paisajes de
Osés están comprometidos vitalmente con la naturaleza, con la tranquilidad, con
el equilibrio ecológico, con la búsqueda de la sostenibilidad, del respeto con
el medio. Yo considero que sus paisajes pueden interpretarse como un dinámico
código de símbolos que nos hablan de la cultura de su pasado, de su presente y
también de su futuro.
De ahí que el estudio de Pedro Osés es su entorno y su
horizonte, se me antoja que puede estar en Larrasoaña o en la cima de una
montaña. Osés no tiene ataduras, sí sin embargo, retos y empeños, como su
compromiso activo y concienciado en alertar del peligro de los alimentos
transgénicos.
Siempre encuentro en este gran artista, el empeño de llegar
a alcanzar esas cumbres nítidas, limpias, en las que el cielo se funde con la
tierra en un abrazo sencillamente natural. No puedo dejar de recordar cada vez
que me enfrento a la contemplación de sus bellos trabajos aquello que Tolstoi confesaba en sus Diarios:
“El cumplimiento de la ley de la naturaleza, eso es la sabiduría, la fuerza, la vida. Y el cumplimiento de
esta ley no tiene ni sonido ni olor. Es lo que debe ser cuando es sencillo,
discreto, sin esfuerzo; entonces es poderoso.”
Camino Paredes